El navegante navarro Alvaro de Marichalar señaló desde la isla japonesa de Ishigaki, en el archipiélago de Okinawa, que tardará en reponerse de las heridas y destrozos materiales que sufrió en su travesía desde Taiwán.
Marichalar desembarcó el pasado sábado en el extremo sur de Japón con su moto acuática seriamente dañada tras darse una paliza de doce horas de navegación en mar abierto, sin embarcaciones de apoyo, y con unas condiciones «muy duras». El deportista navarro partió poco después del paso del tifón Chanchu que dejó una estela con olas de 5 metros de altura y vientos de 40 nudos.
«No podía esperar más en Taiwán porque tengo que seguir haciendo millas», afirmó para justificar su arriesgada decisión.
La moto acuática aguantó pero terminó con roturas en el casco, la sujeción del motor y uno de los bidones suplementarios de combustible, además uno de los dos GPS acabó cascado. Su embarcación comienza a resentirse seriamente tras recorrer más de mil kilómetros desde el comienzo de su aventura, el pasado 7 de abril en la isla de china de Sancián. Además de los problemas técnicos, arrastra una profunda herida en el pie izquierdo que se produjo durante la travesía de China a Taiwán y que se le ha infectado. Marichalar espera que mejore en las próximas 24 horas con la ayuda de antibióticos, porque mañana tiene previsto lanzarse de nuevo al mar.