Antes a los últimos asientos de Pesa les llamábamos el dormitorio. Los vehículos de la línea San Sebastián-Bilbao iban, y van a veces, con asientos libres y los viajeros con ganas de echar un sueñecito reparador se tiraban en la zona trasera para cabecear a lo largo de la A-8.
Ahora, el dormitorio es el locutorio. Los teléfonos móviles hacen imposible sestear. Más aún si coincides con un comercial que aprovecha el trayecto Bilbao-Donostia para realizar múltiples gestiones telefónicas, concertar citas, iniciar negociaciones o advertir a un socio: «Procura no decir nunca el precio en las entrevistas, que espantas a los clientes». Qué cruz.