BERLÍN. DV. Milo Djukanovic acaricia un sueño desde hace nueve años, cuando fue elegido presidente de Montenegro con una débil mayoría de votos que hizo creer a sus antiguos aliados de Belgrado que el joven político había ganado las elecciones gracias a un bien montado pucherazo. Pero no. Dukanovic venció limpiamente en los comicios, decidió darle la espalda a su antiguo aliado, el ahora desaparecido Slobodan Milosevic, y comenzó a pronunciar por primera vez la palabra prohibida en los Balcanes: independencia.
Ahora, en vísperas del histórico referéndum que puede poner fin a la lenta y sangrienta agonía de Yugoslavia, Djukanovic está seguro del triunfo del «sí», a favor de la autodeterminación de su país, y de que Montenegro se puede convertir en poco tiempo en la Suiza de los Balcanes o quizás en un segundo Montecarlo. Esta última comparación es, precisamente, la que preocupa a la comunidad internacional, que teme que un Montenegro independiente se pueda convertir en una mina de oro para contrabandistas, lavadores de dinero y un cómodo santuario para la mafia rusa. ¿Acaso la oposición no le ha bautizado como Don Milo por sus aún no probadas vinculaciones con la mafia que investiga la Justicia italiana?
Durante nueve años, Djukanovic prometió en todos los escenarios posibles la separación de Montenegro de su unión federal con Serbia. En la recta final de la campaña, el primer ministro dijo a sus seguidores que la independencia era «imparable». Incluso si el ansiado «sí» no supera el 55% de los votos, que exige la Unión Europea para reconocer el nuevo Estado. Las últimas encuestas revelan que una exigua mayoría de los electores se posicionará a favor de la autodeterminación, pero posiblemente la diferencia no superará los límites marcados por los Veinticinco.
«Nuestra posición será defender una mayoría democrática que ha deslegitimado la unión que existe actualmente», advirtió el político de 44 años, quien también recordó que el nuevo Estado soberano de Europa sería admitido casi sin dilación en el selecto club de la UE y en la OTAN, dos posibilidades que han sido desmentidas desde Bruselas.
Más allá de la demagogia, la forma en que Montenegro definirá sus relaciones con su poderosa vecina es el aspecto más crucial de lo que está en juego hoy en la pequeña república de tan sólo 670.000 habitantes. Djukanovic puede caer en la tentación, si fracasa en superar el 55% exigido por Bruselas, de declarar de forma unilateral la independencia, una medida que puede provocar la ira entre el 30% de la población serbia que habita el país.
Camino peligroso
Pero si el referéndum triunfa holgadamente, el éxito de los separatistas puede convencer a los serbios de Bosnia Herzegovina a buscar la unión con la madre patria y dificultar las negociaciones sobre el futuro estatus de Kosovo, donde la mayoría albanesa no tardaría en exigir una consulta similar. «Un cambio en las actuales fronteras de mi país puede ser la bendición para una nueva catástrofe en los Balcanes», advirtió el ministro de Asuntos Exteriores de Serbia-Montenegro, Vuk Draskovic, que teme con razón que la fiebre secesionista acelere el nacimiento de la gran Albania con la que sueñan los albaneses de Kosovo.
«La independencia de Montenegro y Kosovo es un camino peligroso, que además de provocar muchas consecuencias arriesgadas, puede convertirse en un precedente para otras situaciones de conflicto», sentenció, por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, al intuir los efectos que puede tener esta consulta en las repúblicas de Chechenia, Daguestán e Ingushetia, donde la mayoría musulmana sueña con separarse de Rusia.
En Montenegro, la coalición a favor de la unión con Serbia, dirigida por Pedrag Bulatovic, además de defender las ventajas de la unión, confeccionó una lista de horrores que azotará la república si triunfa el voto a favor de la independencia. Según Bulatovic, los serbios que viven en Montenegro perderían de la noche a la mañana su ciudadanía.
Gane quien gane, una cosa es segura. La selección nacional de Serbia y Montenegro llegará unida a Alemania para participar en el mundial de fútbol.