Domingo, 21 de mayo de 2006
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Cultura
Franco se declaró a su primer y fallido amor con un «le ordeno a usted que me quiera»
Sofía Subirán le llamaba «el pelma de Paquito» y le consideraba «un aburrido» El autor del libro afirma que en esas cartas de se atisba ya «el nacimiento del monstruo»
Franco se declaró a su primer y fallido amor con un «le  ordeno a usted que me quiera»
Sofía Subirán.
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MADRID.«Le ordeno a usted de que me quiera». Escrita de puño y letra de Francisco Franco Bahamonde en el verano de 1913, esta expeditiva frase puede leerse en una postal que el entonces segundo teniente destacado en Melilla remitió a Sofía Subirán, una desgarbada moza de quince años, hija del comandante de la plaza, por la que Paquito Franco bebía los vientos. Le remitió casi cuatrocientas apasionadas misivas en sólo seis meses. Sin rechazarle nunca abiertamente, Sofía dio largas «al pelma de Paquito», hasta que el futuro generalísimo aplacó su pasión por ella y se fijo en otra, su futura esposa Carmen Polo; «un clon físico y moral, una fotocopia de Sofía Subirán» según sostiene Emilio Ruiz Barrachina (Madrid, 1963), que ha trazado la biografía del primero de la media docena de amores que se le atribuyen a Franco en el libro Le ordeno a usted de que me quiera (Lumen).

Franco conoció a Sofía Subirán en la Navidad de 1912, y durante seis meses trató de seducirla sin éxito enviándole una media de tres escritos diarios. Subirán quemaría en los años sesenta los centenares de cartas de Paquito -«eran de aúpa» dijo-, al que tenía por «un patosillo aburrido». Conservó sólo una treintena de postales «muy cursis» que, subastadas en 1997, no encontraron comprador. Y no las guardó por los textos -empeorados por la mala caligrafía y la peor sintaxis-, sino por «las fotos que elegía Franquito». «En estas cartas se ve el nacimiento del monstruo -afirma, por su parte, el autor del libro- su carácter enrevesado y complicado».

Sofía Subirán no se casó nunca. Ultracatólica, de la derecha más estricta, pasó 40 años en Zaragoza, convertida en un suerte de monja de clausura, dedicada a rezar el rosario y «sin airear su recuerdos» explica Barrachina. Quemó las cartas de Franco en un gesto de consideración hacia Carmen Polo. «Con ellas, un historiador desaprensivo se las hubiera hecho pasar canutas a la señora de Meirás», reconoció en la única entrevista que concedió en su vida a Vicente Gracia, quien publicó en 1978 Las postales de amor de Franco. Culpaba a Carmen Polo de todos los males del país y aseguró que «si me hubiera casado con él, no le hubiera permitido lo que le dejó hacer Carmen; no le hubiera permitido nunca ir bajo palio». COLPISA



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