IBARRA. DV. Ingrid Buchwald Eguia, nacida en Tolosa hace 26 años, licenciada en Bellas Artes y con un máster en Arte y Nuevas Tecnologías, tras numerosas exposiciones y premios a sus espaldas, muestras sus obras por primera en solitario en la Casa de Cultura de Ibarra hasta el 26 de mayo. Se trata de una selección de sus últimos trabajos en dos formatos muy diferentes: animación digital y pintura sobre madera. Según explica la artista tolosarra, su formación multidisciplinar le permite trabajar en soportes tan opuestos manteniendo un hilo de conexión entre sus obras: la narrativa. Las tres animaciones, presentadas como videoproyección, AB-1592-Y-30JAN, Capri c'est fini y La temporada baja es para hibernar están pensadas y realizadas por ordenador a partir de fotografías propias.
La primera de ellas, AB-1592-Y-30JAN, Premio en el XLI Certamen de Artistas Noveles/Artista Berrien Lehiaketa de Gipuzkoa 2005, representa a una persona tumbada sobre los bancos de un aeropuerto. En este entorno urbano, sugerido tan sólo con líneas, el protagonista, atrapado en un largo transbordo entre dos vuelos, trata de encontrar la mejor postura para descansar. A caballo entre el destino y la llegada, en medio de un espacio público altamente transitado y tecnologizado, su cuerpo trata de satisfacer la necesidad básica y privada de dormir. La segunda de ellas, Capri c'est fini', representa un chiringuito de playa situado en el cabo portugués de San Vicente, el más occidental de Europa. Éste se encuentra ya cerrado y batido por el viento, y el contraste entre el carácter móvil del establecimiento y el estatismo de la imagen, el rótulo escrito en varios idiomas y la humildad del comercio confieren a la animación un cierto aire nostálgico, similar al que se plasma en la canción favorita de Marguerite Duras, Capri c'est fini, de la que toma el título.
Por último, La temporada baja es para hibernar representa, en un minuto, el aspecto que tendría durante un año entero un edificio de apartamentos situado en la ciudad costera de Portimao, que podría ser cualquier edificio de cualquier ciudad de turismo veraniego. Este y muchos edificios de este tipo poseen un ciclo vital comparable al de un oso: vacíos e inertes durante gran parte del año, sólo reviven en primavera, para albergar al turismo masivo de temporada. Durante este breve lapso de tiempo se visten de los colores de toldos y toallas, para recuperar su pelaje anodino durante el resto del año.
Completan la exposición 26 imágenes de pequeño formato, realizadas con acrílico y gouache sobre madera. Su carácter es eminentemente narrativo y sus protagonistas, en su mayoría, mujeres. Tomando como referencia fuentes diversas como iconos rusos, revistas de moda, ilustraciones de cuentos infantiles, reportajes sobre animales y relatos escuchados, las imágenes resultantes parecen representar hechos concretos pertenecientes a un enigmático hilo narrativo. Sin embargo, su significado no se refiere solamente a estos hechos, sino que puede ser mucho más amplio y convertirse en metáfora de temas como la lucha de la mujer contra las imposiciones de la sociedad, la resignación a soportar el lastre de la vida diaria, el deseo de conseguir imposibles o el abuso de la cirugía estética.
Las más importantes
Las piezas más importantes son los trípticos Quiero ser culta y La procesión. El primero de ellos parte de la historia real de una mujer ingresada en un psiquiátrico y con una grave úlcera de estómago debido a que, en su deseo de ser culta, hervía las hojas de los libros y se bebía el caldo.
La procesión, a su vez, representa una peregrinación de mujeres, campesinas y ciudadanas, que, elegantemente vestidas y cargadas con animales a la espalda o sus pieles, acuden a una hoguera en la que quemarlos y liberarse de su carga.