Paz Romacho escribe esta carta: «El alcalde de Madrid, señor Gallardón, ha tenido que tragar su orgullo para dar un paso atrás con el nuevo proyecto de talar los árboles del paseo de Recoletos. Es por ello que sugiero a los fieles defensores del pequeño patrimonio donostiarra que escriben diariamente exponiendo sus quejas ante los desaguisados que acomete y trata de acometer su Ayuntamiento que no deben de perder su tiempo plañiendo porque desgraciadamente sus quejas tendrán respuesta adversa. Lo que es blanco les dirán que es negro y viceversa. Desgaste inútil. Por lo tanto a falta de baronesa brava y aguerrida, organicen un encadenamiento masivo en los enclaves emblemáticos antes de que sea demasiado tarde como se hizo con la ermita del paseo Nuevo, la estatua de bronce de Juan Sebastián Elcano, el mercado de San Martín, Kursaal, castillo de Rozanés, mercado de la Brecha, abandono total del Cementerio de los Ingleses con las estatuas tiradas por el suelo (parte importante de nuestra historia), etcétera. Y esperen ustedes lo que tendrán que sufrir cuando vean las apisonadoras y los taladros en San Telmo, palacio de Aiete, Cristina-enea y el teatro Victoria Eugenia, que está desde hace años en estado agónico. Bueno, todavía les queda el hotel María Cristina y el Ayuntamiento, pero no quiero dar ideas. Por lo tanto, encadénese usted».