Ryszard Kapuscinski (Polonia, 1932), antes de ponerse a viajar en este ameno libro (como son todos los suyos) nos cuenta de cómo dió con la suerte de poder leer a Heródoto de Halicarnaso. Veintiocho capítulos completan este libro del que se puede decir sin exageración alguna que, una vez iniciada su lectura se hace casi imposible dejarlo. Igual que en anteriores libros suyos (El emperador, El Sha, El Imperio, Ebano, Lapidarium IV, La guerra del fútbol, etc.) pudo encantarnos, de igual manera ocurre ahora cuando nos invita a cruzar la frontera, y nos vamos a la India, y a la China de 1957 y de Mao, conecta y desconecta con Heródoto cuando le conviene, nos habla de Creso, sobre el origen de los dioses, de un concierto de Louis Amstrong, de reyes muertos y dioses olvidados, de Jerjes y Darío, de los escitas, de Milcíades, de Histieo de Mileto, de Temístocles, un etcétera muy largo de personajes y tierras y costumbres siempre, conexiones y desconexiones con esos viejos mundos pero sobre todo con Heródoto y sus fuentes, una alegría y un encanto de volver a compulsar recuerdos de esas viejas lecturas en compañía de este reportero polaco con el que los reportajes y las crónicas adquieren una calidad, una dimensión distinta.