SAN SEBASTIÁN . DV. La fama, buena, que les precede habla de su originalidad, de su gusto por la palabra, de su humor inteligente y de como han ido fabricándo su éxito gracias a la publicidad que los propios espectadores les hacen. Son Pedro Paiva y Alejandro Orlando, el primero uruguayo y su compañero argentino. Llevan tres años triunfando en Barcelona, donde en 2004 fueron considerados autores del mejor montaje de la temporada. Breve desconcierto breve es un espectáculo sin escenografía, con sus dos protagonistas la mayor parte del tiempo sentados y vestidos de una forma muy llamativa. Dicen que han creado esta obra sin beber de otras referencias, lo que puede explicar esa originalidad que sus visitantes proclaman.
Estarán desde mañana hasta el domingo en la sala Imanol Larzabal de Lugaritz, donde durante hora y media van a crear un espectáculo que les cuesta mucho contar de qué va. «Esa es la parte infame de cualquier entrevista», dice Pedro Paiva. Algunas pistas dan: «Está basado fundamentalmente en el texto y en la interpretación que hacemos de él, logrando un resultado original, singular tanto en la estética, como en la interpretación y en la lectura que hacemos de la realidad».
Breve desconcierto breve es la tercera obra de Los Modernos, «aunque nuestros espectáculos no están cerrados y como vamos a San Sebastián por primera vez llevamos el mejor montaje que tenemos. En junio terminamos temporada en Barcelona y nos vamos a Buenos Aires y la obra que vamos a hacer en San Sebastián es la que llevamos a Argentina porque confiamos en que es la mejor de las que tenemos en cartel para ganarnos allí el mercado. Es Breve desconciero breve, pero también tiene texto de lo mejor que nosotros tenemos como compañía».
Hablan en la función «del amor, de la amistad, de la vida», pero destacan la «lectura original de esos temas, a la que si sumamos la peculiar estética, la carencia de escenografía y el tipo de interpretación de ese texto, eso le da al producto una singularidad que por ejemplo en Argentina dijeron que éramos un antes y un después en la interpretación del texto teatral».
El humor que utilizan tiene su origen en la ciudad argentina de Córdoba, «que tiene mucha tradición de humor, a lo que se suma la combinación de que uno de nosotros es argentino y el otro uruguayo, lo que nos ha dado este ribete de sincretismo». Les han dicho que su humor es «reflexivo e intelectual». Ellos apuntan que el resultado en el espectador es «la sonrisa constante y la carcajada de vez en cuando». El juego de palabras y un aditamento de situaciones que tocan el absurdo son otros ingredientes de esta divertida obra que desde el principio abre la curiosidad sobre la extraña pareja que surge ante el espectador.