Este año las fiestas de Santa Cruces de Andoain han estado muy bien o por lo menos eso me dicen los chavales. Soy una madre como muchas otras madres que lo más importante para mí es dar una buena educación a mi hijo. Intento que, aparte de sus obligaciones, también pueda disfrutar. Por eso cuando este año me dijo que quería salir a la noche a la verbena, a pesar que al principio me negué, luego después de hablar con otros padres y de ver que le hacía mucha ilusión, le di permiso para que saliera después de cenar hasta las doce. A esa hora pasaría a recogerle. Pues bien, aunque las fiestas son para disfrutarlas, la otra cara de la moneda es que chavales de doce y trece años se ponen hasta arriba de alcohol. Qué triste es que a las doce de la noche, en este caso en la plaza donde estaban instaladas las choznas, me encuentre con chavalitos que conozco de toda la vida con litros de cerveza y kalimotxo, fumando y bebiendo como locos. Pensaba que mi hijo exageraba cuando me decía que la mayoría de chavales de su edad fuman y beben, pero durante estas fiestas por desgracia he podido comprobar que no es así. Otro niño me decía que en las fiestas se burlaban de él y sus amigos porque no querían fumar ni beber. Ante estos hechos cabe preguntarse, ¿qué están pensando esos padres?, ¿es que no se dan cuenta de cómo llegan sus hijos a casa?, ¿qué va a ser de estos chavales cuando sean adultos? Y lo que más me duele es que la mayoría de esos chavales son majísimos, pero probablemente serán los que pagarán el pato. Creo que se merecen algo más que estar ciegos de alcohol en las fiestas.