Martes, 16 de mayo de 2006
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AINTZANE EZENARRO | PARLAMENTARIA DE ARALAR
«Sin una revisión crítica del pasado por parte de todos será imposible una paz duradera»
Aintzane Ezenarro afirma que prefiere un conflicto político abierto democráticamente en Euskadi a que se «cierre en falso como en Cataluña»
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Aintzane Ezenarro , parlamentaria de Aralar, cree que la clave de una paz duradera es «que todos asumamos una revisión crítica del pasado», en especial quienes han justificado la violencia. Advierte del riesgo de generar excesivas expectativas como al inicio de la transición y afirma que «es mejor que el conflicto político siga abierto, sin violencia, a cerrarlo en falso» como en Cataluña.

-¿Qué lectura hace de la última entrevista con ETA?

-Es una marcha atrás la vuelta a esquemas que parecían superados. ETA intenta contrapartidas políticas a su decisión de dejar la violencia y este empeño obedece a claves internas de ese mundo. Aun y todo creo que la decisión es irreversible.

-¿La violencia está acabada?

-Creo que está acabada porque ellos querían acabar y lo han decidido así. La reflexión de fondo es que en la sociedad vasca es ya insoportable la continuidad de la violencia. Pero me preocupa que algunos sectores de la sociedad, de las bases de Batasuna, sigan sin asumir el proceso de paz.

-¿Lo ve así?

-Es verdad que estos procesos son lentos. Lo que me preocupa no es tanto esa lentitud sino la resistencia en asumir el cambio de mentalidad. Por ejemplo, la falta de respeto de muchas personas de esa base social de Batasuna no ha desaparecido. La cultura de un proceso de paz no se construye de la noche a la mañana en una mesa de partidos. La paz no es un acuerdo político, no es decidir dejar de matar, es respeto y asumir de verdad como lo más normal del mundo la pluralidad política. De hecho sigue habiendo muchas presiones a las personas. Es más, en Lizarra hubo un cambio mayor, de mayor acercamiento al menos entre los sectores que colaborábamos, más que ahora. La violencia no ha ayudado al conflicto. Todo lo contrario.

-¿Por qué?

-Aquí había un debate político pendiente, que se había iniciado antes, si se ha abierto no es por ETA. También en Cataluña lo ha habido y no ha habido violencia. El debate sobre el modelo de Estado llega a raíz de que Zapatero llega al Gobierno. Que ETA no se apunte el tanto, lo que ha hecho ha sido agravar el problema, porque, como decía Jhon Hume, la violencia aleja a las personas.

-¿En qué ha dejando su impronta Aralar en este año en el Parlamento Vasco?

-En algunos casos, el valor de este escaño ha sido determinante, por ejemplo, en los presupuestos, en la Ley del Suelo o en el acuerdo del Parlamento Vasco para proponer a las Cortes Generales la futura modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para que se graben las declaraciones de los detenidos en comisaría. Aralar ha llevado un nuevo lenguaje al Parlamento. La única propuesta en períodos de no alto el fuego para rechazar la violencia fue asumida por todos los grupos, desde el PP hasta EHAK, y ha sido propuesta por Aralar. Eso sirve para demostrar que en los nuevos tiempos se exigen nuevos lenguajes y superar palabras que estén viciadas.

-Las palabras pueden unir pero también dividir...

-Aralar ha posibilitado que todos podamos encontrar las palabras para, de una forma unificada, rechazar la violencia. Para algunos las palabras se han convertido en tótems y para otros en tabú. Podemos llegar a acuerdos sobre el futuro, pero no sobre el pasado. Lo otro es malgastar energías. Es imposible que se construya una paz con esquemas de vencedores y vencidos o de venganza, que es para mí lo que erróneamente está planteando el PP. Eso lleva a alimentar el odio y el revanchismo. -¿Pero pedir perdón a las víctimas es insistir en el odio?

-No, no digo eso, yo creo que todos debemos hacer una revisión crítica del pasado, sobre todo los que han justificado el uso de la violencia. Primero para reconocer el sufrimiento que se ha causado. Todos tienen que intentar entender que ha habido sufrimiento en el otro lado. Es indispensable hacer esa revisión -luego el perdón es algo más íntimo y personal- porque si no, si sigue habiendo sectores que creen que la violencia es necesaria para resolver los conflictos, no pondremos bases bases de una paz duradera. Sería imposible.

«Brindis al sol»

-¿La legalización de Batasuna va a provocar un realineamiento político e incidirá en Aralar?

-En Aralar podemos compartir con Batasuna algunos objetivos. Somos de izquierdas y abertzales, pero estamos muy lejos en lo estratégico. La diferencia con ellos no sólo la marcaba la actitud que teníamos ante la estrategia armada, es en toda la estrategia de fondo. Empezando a cómo entendemos la territorialidad. Sobre esa base del 'todo o nada', que al final se queda en una política de poses de permanentes brindis al sol, se ha permitido que la derecha de PNV-EA gobierne este país.

-¿Hay condiciones para iniciar el diálogo político?

-Sí, siempre he creído que se tenía que dar siempre, ahora ya no está la excusa de la violencia. La paz es un plano distinto que el de la política, pero no entiendo por qué se tiene que distanciar en el tiempo. Hay que empezar a concretar los pasos. Eso se hizo en las reflexiones de la Mesa de Egino.

-En esa Mesa de Egino se habla de mayorías transversales a la hora de definir nuevos consensos políticos...

-Se habla de mayorías transversales pero se habla también que si no hay acuerdo se va a una consulta. Es una buena salida. Comparto lo que plantea Ibarretxe. El paso que queda pendiente desde la transición es el reconocimiento de que esta sociedad tiene derecho a decidir. Luego tendremos que acordar cómo se pacta ese ejercicio. Ya no se trata de pactar un nuevo estatuto con más o menos competencias.

-¿O sea volver a un frente de acumulación de fuerzas soberanistas?

-Creo que el Partido Socialista debería estar de acuerdo con ese reconocimiento democrático, pero también creo que los que lo compartimos debemos ponernos en común desde una base de partida con una estrategia compartida. Lo que ha pasado en Cataluña y lo que aquí pasó en la transición se debe a que se dividieron las fuerzas. El proceso catalán no debe pasar aquí, ha sido una suma de errores que sólo ha llevado frustración.

-El PSE se pregunta que si se parte de la premisa de que hay que reconocer el derecho de decisión, ¿para qué se va a sentar?

-Los derechos históricos están reconocidos en la Constitución y creo que como principio es asumible. El núcleo duro sería el ejercicio, la dinámica de mayorías, pero es lo mismo que Quebec. Si una sociedad por mayoría dice que quiere ser dueña de su propio destino no hay constitución que frene esa voluntad. Otra cosa es que al final no haya acuerdo y siga abierto el conflicto político, democrático, pero de soberanía. Y tampoco pasa nada. Es mejor que el conflicto político siga abierto a cerrarlo en falso, como en Cataluña. No creemos falsas expectativas, que eso puede generar nuevas frustraciones. Eso pasó en la transición y hay que evitar aquellos errores teniendo los pies en el suelo.

«Plantear una única mesa para Euskal Herria es defender que no hay mesa»

-Batasuna ha pedido una única mesa para toda Euskal Herria y ustedes proponen dos mesas. ¿Cómo lo explica?

-Creo que tiene que haber dos mesas, una en la Comunidad Autónoma Vasca y otra en Nafarroa, aunque luego haya mecanismos de coordinación. Decir en este momento que sólo tiene que haber una mesa para toda Euskal Herria es una huida hacia adelante que sólo consigue retrasar el debate político. Plantear una mesa para toda Euskal Herria es defender al final que no haya mesa. Se habla mucho de territorialidad sin escuchar a las personas de ese territorio. La territorialidad la hacen las personas.

-El objetivo de Aralar es la reconstrucción de una izquierda abertzale eficaz. ¿Con que aliados cuenta para esta operación?

-Nuestro empeño sigue siendo la reconstitución de un espacio de izquierda en este país que funcione en claves de eficacia y alternativa. En esa izquierda entra también Ezker Batua y muchos sectores procedentes de la abstención. Veo a las gentes de Batasuna muy lejos de esa dinámica, aunque al final tendrá que caminar hacia ese espacio.

-¿Y EA?

-Ojalá se sumen, pero realmente a la EA que conozco, sobre todo en Gipuzkoa, no le veo por ningún lado una política de izquierda, está incluso más a la derecha que el PNV: Los ejemplos son elocuentes: Su posición respecto a la Y ferroviaria, su respaldo a la incineración, su apoyo a la política social en las diputaciones o ciertas gestiones en los municipios, están bien lejos de un partido que se reclama socialdemócrata.



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