El presidente de Bolivia, Evo Morales, echó mano ayer de las esencias de su discurso indigenista ante el Parlamento europeo para explicar el proceso de nacionalización de los recursos naturales. Morales acudió invitado por la Eurocámara a visitar la institución tras la cumbre de Viena, pero no todos los grupos políticos estuvieron de acuerdo con la programación del acto. El Partido Popular Europeo (PPE), mayoritario, se oponía, por lo que sus eurodiputados abandonaron la sala cuando Morales accedió a ella y dejó solo una representación testimonial.
Desde la tribuna de oradores, Morales armó el discurso que se esperaba de él: presentó a su país como un pueblo empobrecido por siglos de avaricias foráneas, de las que su propia peripecia vital y la de sus padres -analfabetos ellos, sin estudios universitarios él- serían un exponente más. A la recuperación de la dignidad nacional y a la generalización de la riqueza hasta lo que ésta dé se orientarían las nacionalizaciones, que presentó «no como expropiaciones». En Bolivia «no se expulsa a nadie ni se expropia a nadie», aseguró, en referencia a la exigencia a BBVA y Zurich. «Cualquier empresa que invirtió en mi país tiene derecho a recuperar su inversión y a servirse de sus utilidades (rentabilidad), pero no podrán ejercer más el control sobre nuestros recursos naturales», afirmó.