Aída es un personaje que ha calado en el espectador. El público se ha encariñado con esta mujer voluntariosa, sacrificada, generosa, que tiene que luchar con la bayeta de asistenta en casa ajena para poder tirar del carro de su propia familia, todos ellos gente pícara de un barrio obrero. Detrás de este personaje se asienta el buen hacer de Carmen Machi, una sólida actriz teatral que en la escena ha manejado todos los géneros, aunque en la televisión trascienda sólo su vis cómica, o tragicómica. La pantalla grande ya se ha fijado en ella. Ha estrenado Vida y color, de Santiago Tabernero, y está a punto de llegar a las salas la segunda cinta, Lo que sé de Lola, de Javier Rebollo. Mientras, vuelve esta noche con su abnegada vida en la comedia de Tele 5, que inicia tercera temporada.
- ¿Cambia la sufrida vida de 'Aída' en esta nueva temporada?
- Un poco. Parece que ha encontrado la estabilidad emocional con Chema, pero con lo desgraciada que es esta mujer no sé el tiempo que le va a durar. Los guionistas han pensado que era una buena opción ver a Aída con pareja y comprobar cómo se acoplarán los hijos. Habrá, claro, los tira y 'afloja' de todas las relaciones, pero de momento, Chema y ella son felices.
- A su personaje se le toma cariño. Es noble, saca fuerzas de flaqueza, aguanta los envites de la vida y a una familia de tiranos.
- Pero es la vida misma y ahí radica el éxito de esta serie, en los guiones. Aída tiene el perfil más común de la sociedad en la que estamos, donde la mujer se mata a trabajar y alrededor todos chupan de ella. Y lo tiene asumido, que es lo que suele pasar con las amas de casa, que tienen ese rol de sacrificadas tan aceptado. Además, en el caso de mi personaje no tenía hasta ahora una pareja que la apoyara. No obstante, la familia de Aída también se quiere y se apoyan.
- ¿Hay muchas Aídas en España?
- España está llenísimo de Aídas. Sé que hay muchas amas de casa que ven la serie, mujeres que lo pasan mal, porque no todas tienen la vida que mi personaje. Se sienten identificadas y se alivian porque ríen y quitan importancia a las cosas. Por suerte existen estas mujeres coraje, y gracias a ellas la vida marcha. Aunque es una pena porque están muy solas y poco apoyadas. Por la calle algunas me dicen: «¿Dí que sí hija mía!, ¿ Estamos contigo!». Yo me río porque tomo bastante distancia con el personaje.
- Tampoco hemos debido avanzar mucho en este país cuando muchas mujeres se encuentran en esa situación...
- Vamos muy despacio. Es evidente que nos tienen mucho miedo a las mujeres, temen comprobar a dónde podríamos llegar si nos dan rienda suelta. Estamos muy capacitadas para muchas cosas, más que ellos diría yo. Y eso asusta. Los comentarios que me dicen por la calle son por algo.
- La televisión retrata unas familias más o menos acomodadas, con chalecito adosado, un mundo alejado de 'Aída', que baja a la calle, al barrio obrero.
- Está más en contacto con la realidad y es un acierto. Al principio, sobre guión, algunos compañeros se asombraban por los comentarios ordinarios y unos personajes un tanto 'friki'. Pero es que eso existe.
- Y retrata también la picaresca, dicen que muy española.
- La necesidad espabila. Forma parte de España esa picaresca, el darle la vuelta a las cosas para sacar beneficio. La labor de los guiones es muy buena también en este aspecto. La serie se ríe de todo, de nosotros mismos, de la sociedad en que vivimos. Mucha gente nos identificamos con el mundo de Aída, aunque luego queramos ocultarlo y dar la sensación de que descendemos de la pata del Cid.
- ¿Cómo lleva la popularidad que le da este personaje?
- Fatal, es lo peor de todo esto. Se unen sensaciones contradictorias, porque la gente quiere decirte cosas maravillosas y a la vez, es agobiante. A veces decido no salir de casa porque no estoy preparada para encajar un día esa pérdida del anonimato. Además, ciertas personas han perdido la educación porque ahora sacan el móvil y se ponen a hacerte fotos de repente.
- Creo que no le gusta que le pongan la etiqueta de cómica...
- Es que no sé qué concepto se tiene ahora de los cómicos. Antes el cómico era el artista, el actor, y ahora se le da el significado de humorista. Y yo no hago humor, interpreto lo que me escriben, tanto si es un drama como una comedia. Soy actriz e intento tocar todos los palos porque es lo que he hecho siempre, especialmente en teatro. Ahora se me conoce más por Aída y me etiquetan de cómica, pero es un error de concepto. COLPISA