Hay una manera de ser y estar que se llama adanismo y que consiste en comportarse como si uno fuera el primer hombre sobre la tierra, como si no hubiera experiencia válida anterior, como si todo estuviera por descubrir, por intentar, por explorar; como si nadie hubiera fallado antes, nunca, ninguna vez. El problema del adanismo es que obedece a una interpretación errónea de la realidad, y de ahí que sea frecuente ver al supuesto Adán en pelota en cuanto choca con el crudo ser de las cosas.
En España tenemos hoy mucho adanismo y uno de los escenarios donde se prodiga de manera desbordada es TVE. Véase lo de la otra noche, ese especial de 'España directo' con el que La Primera contraprogramó para seguir chupando del éxito del Sevilla. Alguien debió de pensar lo siguiente: si el partido tuvo una audiencia media de 7 millones de espectadores y si el 'minuto de oro' llegó a congregar a 11 millones de españoles ante la pantalla, un especial sobre el festejo nos dejará por lo menos 4 millones, y más tratándose del Sevilla, porque andaluces hay muchos y siempre forman un buen 'share'.
Quizá los hábiles programadores no cayeron en la cuenta de que Canal Sur iba a hacer lo mismo. Tampoco tuvieron en cuenta, por lo que se ve, que nunca antes se había preparado una programación de ese tipo, o al menos nunca con equipos que no sean el Madrid y el Barça. Resultado: TVE 1 cosechó una de las peores cuotas de pantalla de su 'prime time', un miserable 9,6% que puede traducirse por poco más de un millón de espectadores. Y ahora, tal vez, los programadores de TVE se explicarán por qué la pública no había hecho nunca nada parecido; por ejemplo, por qué no hubo programa especial cuando el Valencia ganó esa misma copa hace dos años. Otra cosa que ha quedado en evidencia es que este programa no nos lo fabricó la gente de la casa, sino 'España directo', es decir, el discutidísimo magacín informativo de la productora Mediapro. Salvemos una cosa: gracias a 'España directo' pudimos saber que el ya célebre sufridor del Sevilla-Middlesbrough se llama Miguel; nos lo presentaron y escuchamos sus declaraciones. Bienhallado.