BILBAO. DV. Para presentarse a Miss Talla Grande hay que tener unos cuantos kilos de más, pero, sobre todo, hay que estar sobrada de valentía. En plena 'operación bikini' -con el verano a la vuelta de la esquina, la lucha contra el michelín que ha crecido al abrigo de la ropa de invierno se vuelve especialmente cruenta-, trece chicas vascas con sobrepeso han tenido el arrojo suficiente para subirse a una pasarela a lucir sus volúmenes y proclamar que ellas también son guapas, porque, por mucho que haya avanzado la tecnología, todavía no se ha inventado la báscula que pueda medir la belleza.
El jueves, durante la gala celebrada en el bilbaíno Hotel Carlton, estas jóvenes, todas a partir de la talla 44, reivindicaron sus curvas y su derecho a entrar en una tienda de ropa sin que alguna dependienta les diga con lacerante suficiencia que se han equivocado de sitio porque allí no hay nada para ellas. Porque son presumidas, y mucho. Melenas brillantes y tupidas, cutis de porcelana, pedicura francesa, maquillaje cuidadísimo Las candidatas a Miss Talla Grande del País Vasco no habían escatimado en cuidados para estar estupendas e iban hechas un primor. «Más vale, porque llevamos todo el día preparándonos, probándonos la ropa ¿qué nervios!», decía Melania Turrada, una joven de 23 años con cara de pilla que, con su cháchara, revolucionaba todo el 'backstage'.
Entre el humo de las planchas, las ráfagas de laca y el vaivén de las perchas, las chicas pasaban del silencio más absoluto a los estallidos de carcajadas. Se las veía contentas. «Normalmente soy muy tímida y, a veces, por la calle voy insegura, pero hoy hoy no, estoy contenta de que se hayan fijado en mí y de sentir que, por una vez, yo voy a ser el centro de atención», explica Jaione Euba, una chica de Zaratamo de 27 años.
Precisamente, la 'invisibilidad' a la que las ha condenado el mundo de la moda era una de las obsesiones de las participantes, cuya coquetería se ha hecho añicos muchas veces al ir de tiendas. Hasta hace muy poco, ser gorda implicaba vestirse con deprimentes túnicas y blusones que intentaban disimular las anatomías rotundas. «La cosa ha cambiado. Nos gustan las mismas cosas que al resto de las chicas de nuestra edad. ¿Que nosotras lo valemos!», dice Nerea Munitxa, una bilbaína de larga melena caoba y cara de muñeca.
Un míster en apuros
Por allí estaba, casi como un gazapo, otra guapa, pero ésta muy estilizada. Se trataba de Estíbaliz Orbe, actual Miss Euskadi y miembro del jurado: «No creo que tengan nada que envidiarme, la verdad. Al contrario, lo que es de envidiar es su autenticidad y su naturalidad». Tampoco ahorró halagos Eneko Van Horenbeke, míster Euskadi: «Desfilan muy bien y son muy sinceras, muy directas ».
-Ya, pero... ¿usted saldría con una chica que tuviese ese físico?
-(Instantes de reflexión que se hacen eternos). Mmmmm Sí. La verdad es que soy exigente con el físico, pero es que yo mismo me exijo un montón. Puede que así, a bote pronto, no sean el tipo de chica que me puedan gustar, pero, si me enamoro, ¿por qué no?
La estampa idílica del vestuario, de gorditas salerosas y despreocupadas, tiene también su letra pequeña. Los kilos de más no hacen feliz a nadie. Y las aspirantes no se esfuerzan en fingir lo contrario. De hecho, si se les apareciese un hada madrina y les quitase veinte kilos con un movimiento de varita, aceptarían sin dudarlo. «Claro, todas preferimos pesar un kilo menos que un kilo más», dice la lekeitiarra Ana Goitia, que parece una chica de armas tomar. «El caso es que lo asumimos y nos sentimos atractivas. Yo, al menos, me miro al espejo y me veo guapa -añade Sara Piña, otra de las participantes-. Porque, si vas por la vida arrugada, acomplejada y hecha un churro, te comen viva».
En un extremo de la sala, atenta a la conversación, se encuentra la benjamina del grupo, Janire Azkueta. Tiene 16 años y muchos complejos por superar. «Yo soy muy pesimista. La gente me ha hecho mucho daño, incluso me he tenido que cambiar de instituto porque me hacían la vida imposible», explica. Sus compañeras se ponen a su alrededor con caras muy serias: «Ya se te pasará con los años», dicen. «Ahora mismo ya no me obsesiono -admite la candidata Silvia García-. Me acepto tal y como soy, aunque me gustaría quitarme unos kilos, por salud. ¿Y algo de pecho, que uso la 110! ¿A veces le digo a mi madre que me dan ganas de ponerme los pechos en una balanza para ver cuánto pesan!», bromea.
La hora ha llegado. La sala ya está llena de gente, la pasarela bien iluminada, la música y los focos a punto ¿y ellas sin vestir! Los invitados ya están tomando asiento cuando ellas se enfundan en los modelos de la firma 'Affinity', especializada en tallas grandes. Entre el público, hay varios chicos nerviosos y armados de cámaras digitales. Cuando llega la hora de la verdad y ellas salen radiantes, envueltas en aplausos y jaleadas al grito de '¿guapas, guapas!', los chavales ya no pueden negar su condición de novios y las acribillan a flashazos. Ya les gustaría a muchas con veinte kilos menos que las mirasen así. Pero no se puede tener todo, chicas.