Se lo está preguntando toda España o, al menos, toda la que vio la final de la Copa de la UEFA, nada menos que siete millones de espectadores: ¿Quién era ese aficionado del Sevilla, tan expresivo en la grada, que aparecía continuamente en pantalla? ¿Quién era ese hombre que reía, lloraba y gritaba, elocuente hasta cuando enmudecía, y que la televisión nos mostraba con insólita insistencia? ¿Por qué el realizador le prestaba tanta atención? ¿Era un alto dignatario del club andaluz, un hombre importante del fútbol, quizás un pariente del propio realizador? No: era un sufridor. El Sufridor. O sea, que era un recurso narrativo. Y gracias a él, gracias a su imagen, la transmisión del partido tuvo más aliento, más interés, más garra.
El invento del sufridor televisivo en España hay que atribuírselo a Chicho Ibáñez Serrador, que lo introdujo en una edición del célebre 'Un, dos, tres': eran aquellos personajes que iban a compartir el premio de los concursantes, pero sin concursar ellos mismos, y cuya única función consistía en aguardar pasivamente, sin posibilidad de acción. Después, la figura se amplió al sufridor en casa, antes de que la farmacopea publicitaria creara la figura del sufridor en silencio. Hay una forma de espectáculo, ya consolidada, que consiste en mostrar a alguien que lo pasa mal, o mejor dicho, que no sabe si va a ser feliz o si va a ser desgraciado, y esa duda atroz es lo que se pone en escena.
La otra noche tuvimos una elocuente expresión durante el partido entre el Sevilla y el Middlesbrough, cuyo relato visual escogió como elemento de continuidad a un espectador sufridor. Seguramente la elección del personaje no fue intencionada: la idea del realizador sería mostrar distintas estampas del público, como se suele hacer en todas las emisiones deportivas. Pero si de repente descubres a un tipo extraordinariamente expresivo, todo él comunicación, todo él gestualidad; un tipo cuyos ademanes sustituyen a cualquier comentarista, entonces sería imperdonable no emplearlo como argumento narrativo. Si yo fuera él, hablaría con Eurovisión para pedir derechos de imagen. Igual es una buena forma de ganarse la vida.