MADRID. Se veía venir. El PP aprovechó el primer debate con el ministro de Defensa en un pleno del Congreso para organizar una bronca histórica para reclamar su dimisión por la detención ilegal de dos militantes populares en su anterior etapa al frente de Interior. Hubo gritos, gestos groseros, insultos aislados y, por primera vez desde el restablecimiento de la democracia, fue expulsado un diputado, el portavoz adjunto del PP, Vicente Martínez Pujalte.
El PP trasladó ayer al pleno de la Cámara su decisión de convertir el acoso a José Antonio Alonso en uno de los ejes de su estrategia. El motivo es que el partido opositor cree que debe dimitir porque fue el jefe político de los tres policías condenados por la Audiencia Provincial de Madrid por la detención ilegal de dos de sus militantes. El hoy titular de Defensa acudió al Congreso a pedir el apoyo de los grupos parlamentarios a la decisión del Gobierno de aumentar el contingente militar de Afganistán, pero su intervención fue boicoteada desde los escaños del PP, con gritos y algunos insultos que impidieron que se escuchase al ministro.
Fue una bronca que no recuerdan ni los más veteranos del palacio de la carrera de San Jerónimo. Comenzó poco antes de que Alonso subiera a la tribuna, con una llamada al orden del presidente del Congreso, Manuel Marín, a Vicente Martínez Pujalte por chillar «Alonso, dimite». «¿Me vas a detener?», contestó socarrón el diputado popular a la amonestación. A partir de ahí la situación degeneró en un rosario de avisos del presidente y contestaciones del parlamentario, que desafió a Marín con «llamar a la policía». «¿Que me echen!», exclamó. A la tercera, Marín expulsó al diputado rebelde.
En ese momento, el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, trató de interceder en su favor ante el presidente, pero Marín ignoró sus peticiones. El presidente del Congreso leyó los artículos del reglamento que describen los supuestos para expulsar a un parlamentario por cuestiones de orden. Martínez Pujalte abandonó la Cámara, después de hacer dos reverencias burlescas -una a los socialistas y otra a Marín- entre exclamaciones de «esto es una vergüenza», «no hay derecho», y aplausos de sus compañeros de grupo. Zaplana anunció que el PP pedirá la reprobación del presidente del Congreso por considerar su decisión «arbitraria» y «una desproporción absoluta». Marín, a su vez, se reservó la posibilidad de impedir a Martínez Pujalte la participación en el próximo pleno.
El expulsado comentó en los pasillos que el presidente del Congreso se había «pasado cuatro pueblos» con el castigo impuesto. Preguntó si los diputados «no pueden hablar» en el hemiciclo y apuntó que su «único» comentario fue pedir tres veces la dimisión de Alonso. Rememoró, además, que en las dos legislaturas anteriores los diputados socialistas pidieron en varias ocasiones la dimisión de ministros del PP sin que «eso fuera motivo» para una expulsión.
Más gritos
La tensión en la Cámara, lejos de bajar con la salida de Martínez Pujalte, aumentó varios grados con la subida a la tribuna de oradores de Alonso, que se produjo entre gritos de «dimisión» y «libertad» desde los escaños del PP. Alonso, al ver que no podía iniciar su intervención, echó más leña al fuego y dijo que «ésta es la España que quiere el PP, la del enfrentamiento, la de la manipulación del Parlamento. Nada nuevo en su estilo».
El titular de Defensa tuvo que comenzar a hablar ante un pleno en el que la mitad de los diputados boicoteaban su intervención y la otra mitad, los que estaban interesados en su alocución, no podían oírla. Desde las bancadas populares llegaron incluso a oírse algunos gritos de «fascista», palmadas y golpes para acompañar las reclamaciones de cese. Alonso habló durante 10 ó 15 minutos sin que le escucharan. Marín debió pensar que con la expulsión de Martínez Pujalte era suficiente y no intervino para poner orden.
Al término de su discurso, el ministro fue ovacionado por sus compañeros -entre los que estaban Fernández de la Vega y Montilla-, que el PP contestó con gritos «dimisión». Entre los parlamentarios populares había también algunas caras largas, de aquellos que eran conscientes del espectáculo que daba su grupo en esos momentos en el Congreso.
Acusaciones
Después llegó la intervención del portavoz del PP, quien dedicó la mitad de su alegato a atacar a Alonso, al que acusó de «insultar al grupo parlamentario popular». Zaplana criticó al ministro por «permitir que sus subordinados sean condenados y no asumir responsabilidades» y replicó que la España que quiere el PSOE es la de «militantes detenidos y diputados expulsados». Subrayó que no se puede pedir a su partido que «no le señalemos como culpable». Alonso, en su escaño, escribía en sus papeles sin mirar al orador. Sólo levantó la cabeza cuando Zaplana empezó a hablar de Afganistán.
Las palabras del dirigente popular fueron aplaudidas por los suyos, que volvieron a reclamar a gritos la destitución de Alonso. Después de hablar Zaplana, el debate siguió sin que en los bancos del PP hicieran caso a las intervenciones del resto de portavoces. Sus diputados dialogaban entre sí y charlaban de pie en voz alta, a veces en grupo. Algunos portavoces, como el del PNV, Emilio Olabarria, censuraron la conducta de los populares. El coordinador general de IU, Gaspar, Llamazares, lamentó haber percibido «el afilado colmillo del odio» en la sesión. La tensión se prolongó hasta el final, con mutuos reproches del PP y PSOE, que al final se atribuyeron mutuamente insultos y gestos obscenos. COLPISA