SAN SEBASTIÁN. DV. La reforma del Estatut, el objetivo estratégico del Gobierno catalán formado en diciembre de 2003, ha acabado convirtiéndose en el desencadenante de unas elecciones anticipadas y en el último episodio de una serie de desencuentros entre PSC, ERC e ICV-EUiA a lo largo de la actual legislatura.
Cuando el pasado día 5 la dirección de ERC se alineó con sus bases y viró desde el voto nulo al 'no' en el referéndum del Estatut, comenzó la cuenta atrás de una crisis que el presidente catalán, Pasqual Maragall, resolvió ayer con el anuncio de que convocará elecciones este año y expulsará a los consellers republicanos.
La posición de ERC generó desde un primer momento el rechazo del PSC e ICV, que apostaron en favor de la reforma estatutaria que el pasado enero pactaron el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de CiU, Artur Mas.
Desde un primer momento ERC se posicionó en contra de aquel acuerdo, y durante su tramitación en las Cortes se quedaron solos defendiendo el articulado original, acordado el 30 de septiembre por todas las fuerzas parlamentarias catalanas, salvo el PP.
En este contexto, uno de los episodios de mayor tensión se produjo cuando el ex conseller de Gobernación Joan Carretero (ERC) criticó en marzo el Estatut pactado entre Zapatero y CiU, y calificó al presidente del Gobierno de «españolista demagogo». Estas declaraciones pusieron en vilo la estabilidad del tripartito, ya que ERC cerró filas en torno a Carretero, quien finalmente vio ratificado su cargo por Maragall. Pero el president, que en octubre había decidido una remodelación del Gobierno que no pudo llevar a cabo por la oposición de todos los miembros del tripartito, anunció el pasado abril una crisis de gobierno saldada con la salida de seis consellers, entre ellos Carretero, que fue sustituido por Xavier Vendrell.
Primeros reveses
Tras las elecciones de noviembre de 2003, ERC se había convertido en la clave de la gobernabilidad en Cataluña y de las aspiraciones del PSC de desplazar a CiU del poder. Dos años y medio después, la imagen que deja el tripartito es la de una época marcada por las desconfianzas, los desencuentros y las crisis.
El ejecutivo formado en 2003 sufrió su primer revés un mes después de su constitución, al conocerse que el entonces conseller en cap, Josep Lluís Carod-Rovira, y otro miembro de ERC, se reunieron con la dirección de ETA en Francia, lo que precipitó la salida de Carod-Rovira del Govern.
El líder republicano, ya ex conseller, protagonizaría otro caso polémico en noviembre de 2004, cuando después de que la Federación Internacional de Patinaje rechazara la admisión de la catalana, apuntó a «presiones y maniobras muy sucias» del Gobierno para evitar su reconocimiento, y con ello, dijo, se demostraba que Madrid «no estaba capacitada» para organizar los JJ OO de 2012.
La Ley de Ordenación Territorial, que preveía la conversión de las diputaciones en veguerías y que debía pilotar el conseller Carretero, tampoco pudo ver la luz por las discrepancias entre los socios del ejecutivo catalán, así como tampoco pudo desplegarse la Ley Electoral.
Al margen de los desencuentros, el tripartito catalán ha encontrado además diversos obstáculos que han impedido visualizar su acción de gobierno, como fue a principios de 2005 el hundimiento de un túnel en el barrio del Carmel o la polémica por la fotografía de Carod-Rovira con una corona de espinas durante un viaje oficial a Israel.