La Unión Europea quiere ofrecer más ayudas económicas a América Latina -unos 2.000 millones de euros podrían ser aprobados por el Banco Europeo de Inversiones-, pero a cambio los países americanos deberían mantener los procesos de integración regional y poner fin a sus divergencias. La comisaria de Relaciones Internacionales, Benita Ferrero-Waldner, confirmó ayer que la UE «no tiene previsto en ningún caso sustituir las negociaciones con los grupos regionales por diálogos bilaterales» con cada país por separado.
La situación por la que atraviesan las principales organizaciones regionales en Iberoamérica, especialmente la Comunidad Andina de Naciones (CAN) tras el anuncio de la retirada de Venezuela, está siendo el elemento central de esta cuarta reunión de jefes de Estado y de Gobierno de Europa e Iberoamérica. Aunque el secretario mexicano de Exteriores, Luis Alberto Derbez, trató de quitar importancia a la situación diciendo que se trata solamente de «divergencias de corto plazo», los presidentes del otro lado del Atlántico iban llegando a Viena sabiendo que unos y otros se están lanzado insultos y acusaciones de injerencia. El más sonado ha sido el del brasileño Lula contra el venezolano Hugo Chávez, al que acusó de estar «minando la integración regional». El eufemismo de «la nueva realidad política en América Latina» no esconde que hay dos visiones claramente enfrentadas sobre cómo deben hacer frente a la globalización estos países.