La presidenta de Chile Michelle Bachelet , abandonó hoy Madrid rumbo a Sarajevo y Viena con el recuerdo de más de un centenar de mujeres, entre ellas las más relevantes de la vida política y judicial española, que quisieron compartir con ella las últimas horas de su visita oficial. La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega justificó la convocatoria estrictamente femenina, criticada desde algunos medios, con el argumento de que «las mujeres no somos un colectivo, pero debemos trabajar juntas. Sólo los que no lo entienden hablan de exclusiones».
La cita fue en el Palacio del Pardo, donde se alojó Bachelet durante su visita. Las ministras socialistas fueron las primeras en aparecer. Tras ellas llegaron Margarita Robles, del Tribunal Supremo, y María Emilia Casas, presidenta del Constitucional. Algunas ex ministras, como Carmen Alborch y Rosa Conde. Las presidentas socialistas de los parlamentos andaluz y gallego y el segundo nivel de féminas socialistas, Carmen Chacón,Trinidad Jiménez y Leire Pajín, amén de un buen puñado de representantes y altos cargos de instituciones, que cerraban la cuota socialista. Del mundo de la cultura y del espectáculo, acudieron figuras como Rosa Regás, Pilar Bardem, Maruja Torres, María Corral, Carmen Caffarell, Ana Rosa Quintana, Catalina Luca de Tena, Margarita Salas y Agatha Ruíz de la Prada.
Pero si las presencias se hacían notar, la auténtica comidilla fueron las ausencias . La expectación se centraba en comprobar cuántas mujeres del Partido Popular acudirían. Ya se sabía que tanto Celia Villalobos como Soraya Saenz de Santamaría habían declinado su asistencia, al conocer el carácter estrictamente femenino de la convocatoria. No había corrillo en el que no se hablara de si procedía o no este tipo de encuentros. Incluso algunas sabían ya que el discurso de la vicepresidenta había sido modificado para añadir un párrafo de contestación al fuerte cuestionamiento mediático de la convocatoria, «Necesitamos de la generosidad y la complicidad de todas y de todos .Sólo los que no lo entienden hablan de exclusiones. Nada más lejos de la realidad».
Esperanza Aguirre no siguió el ejemplo de sus compañeras de partido. La presidenta de Madrid volvió a demostrar que ella va por libre. Apareció hacia las 9,30 de la noche y se colocó discretamente en la fila para saludar a ambas mandatarias. El jefe de protocolo, uno de los pocos hombres que amenizaron la velada, la rescató rápidamente para llevarla junto a la señora Bachelet y la vicepresidenta Fernández de la Vega. Esperanza Aguirre, ya en la cena informal, declaraba a quien quisiera oírla que no estaba de acuerdo con «el formato» (es decir, sólo para mujeres) pero que había asistido porque quería conocer a la presidenta chilena. Previo a los discursos de rigor de las dos protagonistas de la noche, la vocalista María José Cordero, interpretó tres canciones evocadoras de un tiempo político muy presente para la presidenta del país andino, quien tararareó en voz baja el estribillo de las letras: Te recuerdo Amanda, Gracias a la vida, Palabras para Julia.
Trabajar juntas
A continuación, la vicepresidenta intervino con un discurso muy medido y en parte justificatorio de la convocatoria, «Las mujeres españolas hemos querido agradecerte el ejemplo y la valentía que significa que seas la primera mujer que accede a la Presidencia de Chile. Porque no son tantos los espejos en los que las mujeres nos podemos mirar para aprender a ser «. Y siguió, «Las mujeres no somos un colectivo, pero debemos trabajar juntas»
Tras las enérgicas palabras de Fernández de la Vega, Michelle Bachelet , se arrancó , sin papeles, en una intervención brillante emotiva y poco habitual en el escenario político . Siempre sonriente, recordó que ha imitado a Zapatero en un gobierno de paridad. Echó en cara «el lenguaje machista de algunos periodistas Y finalmente hilvanó una intervención de tono íntimo y personal, que arrancó aplausos y complicidades, «Desde que estoy en cargos políticos» --antes de llegar a la presidencia fue ministra de sanidad- «no han dejado de preguntarme cómo me las arreglo con mis hijos; cosa que nunca preguntarían a un hombre. Y ahora que soy presidenta, me preguntan cómo tomo las decisiones, ¿con la cabeza o el corazón ? Y yo contesto que con los dos. Que cuando mi cabeza no le hace caso a mi corazón, me equivoco siempre». La velada se alargo hasta más allá de la media noche.