En el caso de las empresas que vendían productos «tangibles» con rentabilidad garantizada, hay cientos de miles de personas que viven hundidas en la zozobra por el futuro de sus inversiones y se preguntan angustiadas cuánto recuperarán de ellas al final de lo que va a ser un largo y complejo camino judicial. En esto hay dos posibilidades y, lástima, las dos son malas. Los gestores de Afinsa y del Fórum pueden no haber comprado los sellos que deberían sustentar las garantías de rentabilidad o haberlo hecho en cantidad manifiestamente insuficiente. En este supuesto se trata de un puro y simple robo y será muy poco lo que podrá recuperarse. Si los han comprado y existen, los inversores recibirán sus activos tangibles pero sin garantía de que vayan a valer lo que supuestamente valen.
¿Por qué es eso así? Pues porque el mercado de la filatelia no está organizado, ni supervisado, ni garantizado y la formación de los precios de los activos no es en absoluto transparente. Dado el volumen relativo de sellos que controlaban entre las dos empresas, eran ellos los que fijaban los valores, que dependían de su voluntad mucho más que de un mercado real y libre de compra y venta.
Como es de esperar, el escándalo habrá vacunado a todo el mundo y el que reciba los sellos huirá de ellos a toda velocidad. La venta en estampida es el mejor método para arruinar el precio de los activos afectados, con lo que las esperanzas de recuperación del dinero son también aquí muy escasas. ¿Qué pueden hacer los afectados? En el plano jurídico, sin duda, presentar sus derechos bien documentados. Y, en el económico, confiar en que los activos salvados del desastre -los no filatélicos como los inmuebles y las acciones- alcancen para resarcir una parte de lo debido.