Para un artista es muy importante encontrar el lenguaje a través del que expresarse; algunos una vez que lo han encontrado se mantienen fiel a él, mientras que otros cambian y adaptan diferentes lenguajes, bien porque los que han probado no les satisfacen o porque siempre acaban encontrando uno nuevo más interesante. Después de haber trabajado tanto en la pintura como en la escultura, la artista búlgara Dora Stefanova (Russe, 1966), ha conseguido con su última serie de trabajos titulados Eclosión, encontrar un nuevo lenguaje en el que combina ambas disciplinas y que aunque recuerda a la obra de otros artistas como Adolfo Schlosser o Miguel Ángel Blanco, aporta una mirada distinta a las anteriores ya que están realizados desde la propia experiencia y la mirada personal de Dora Stefanova
A partir de unas envolturas de metacrilato que se disponen de manera cóncava o convexa, Dora Stefanova introduce en los mismos formas y materiales que recuerdan a los nidos de los pájaros y que desarrolla tanto a escala intermedia como en formato monumental. Este tema nos lleva necesariamente al recuerdo de la infancia, del hogar seguro aunque en peligro constante y, por tanto, a un mundo de ensoñación, muy personal, y cargado de elementos simbólicos. El mérito y el valor de Dora Stefanova es que consigue adentrarse en este complicado ámbito adecuadamente ya que combina y contrasta en sus obras elementos contrapuestos como la luz y las sombras, lo blanco y lo negro, o lo suave y lo áspero. De hecho, llama la atención y sorprende el título de las piezas y el carácter volcánico de algunas de ellas en un contexto que, en un principio, invita a la reflexión opuesta.
GALERÍA Kur I Zurriola, 4. San Sebastián. Hasta el 14 de mayo.