Hay temas recurrentes que encierran en sí mismos la posibilidad de atraer o de aburrir y que, en el panorama literario, se dan con demasiada frecuencia: los nazis, los ovnis, las sociedades secretas, las guerras civiles, las memorias 'inconfesables' o las biografías 'definitivas'. La orden del Temple, primera novela del acreditado guionista Raymond Khoury, pertenece a este mundo de los asuntos recurrentes pero está resuelta de manera satisfactoria.
A Raymond Khoury no le quedaba más remedio que ser original y contarlo bien. Hace mucho mejor lo segundo que lo primero. Se aprecia su oficio de guionista que va al grano -aunque a veces se complique la vida- y sabe cómo interesar al lector pero, a la hora de volcar ingredientes en la historia, se ve obligado a utilizar los ya conocidos de tesoros vaticanos, documentos secretos, artefactos misteriosos, asesinatos y unos protagonistas que, cuanto más se acercan a desvelar el misterio, menos desean hacerlo.
A los templarios -aunque sean de Manhattan como en el presente caso- les queda mucha vida por delante sencillamente porque el peso de sus aspectos desconocidos es infinitamente mayor que el de los comprobados.