La concesión del premio de la Crítica a la novela de Ramiro Pinilla Verdes valles, colinas rojas considerada la mejor obra publicada el año pasado, puede ser un aliciente para su lectura. Hace veinte años que Pinilla inició un ambicioso proyecto narrativo: dar forma a la historia reciente del País Vasco, tomando como centro geográfico las tierras de Guetxo. Así nació esta novela, concebida como una trilogía, que arranca en 1889, fecha a partir de la cual se desarrolla un relato cronológico que tiene carácter de saga familiar. En la primera parte se recrean los años en los que la inmigración abastecía de mano de obra las industrias mineras y provocaba el desplazamiento de campesinos hacia las ciudades. Los hombres de la madera iban siendo sustituidos por los hombres del hierro. En la segunda parte, la vida disparatada de Moisés Baskardo, que funda una especie de comuna en el caserío de Oiarzena, o los conflictos sindicales en las industrias dan paso a las páginas más terribles de la novela, centradas en la guerra civil. Y en la tercera parte, una mujer de origen sureño engendrará el hijo ilegítimo que dirigirá los enfrentamientos que habrán de poner fin a las dos estirpes de la novela (los Altube y los Baskardo), al tiempo que se desata toda la violencia de ETA. El libro llega así hasta los primeros años de la década de los ochenta. Verdes valles, colinas rojas es una novela ambiciosa, que recrea un mundo literario con referencias de Faulkner y de Steinbeck. Es prolija y reiterativa a veces. Tiene un aliento épico y referencias mitológicas y simbólicas bien engarzadas en el relato. Es al mismo tiempo epopeya y elegía de un mundo mítico y real.