Viernes, 12 de mayo de 2006
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Cultura
El arzobispo y los cenetistas
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NARRATIVA

Inazio Mujika Iraola

Tiempo de cerezas

Alberdania S.L.

108 páginas.

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Un breve episodio de comienzos de la guerra civil española da ocasión a la jugosa pluma de Inazio Mujika Iraola (San Sebastián, 1963) para solazarnos con la lectura de una historia en donde van incursos una serie de elementos narrativos de buena ley, entre ellos una aproximación realista no exenta de buen humor, la pintoresca forma dialogal de unos milicianos cenetistas que comienzan por competir en una serie de enormidades blasfemas para ratificar su acendrado espíritu revolucionario y que se ensambla en una terminología acorde al tiempo y a los individuos que la usan que es de esa manera como comienza la historia, usos y costumbres de semejantes sujetos, la procesión (digámoslo así por lo que en algunos casos tiene de acercamientos eclesiales) de curiosos personajes tan cercanos a la realidad que parece como si los hubiera conocido, la dinámica de una fluida y viva acción resuelta en breves capítulos de mordiente ironía y de sabrosa espontaneidad, y, al margen de otras virtudes narrativas que se hace imposible citarlas, una hábil imaginación que discurre con gran agilidad y es capaz de sortear todas las muchas dificultades que sabe ponerlas al paso. La brevedad del texto, la viveza de la narración y un tono realista insuperable pero marcadamente caricaturesco, junto con un conocimiento de ese tiempo que aunque él no lo viviera lo ha sabido recoger de buena mano sin duda, hace que su lectura sea de grata entrega.

Escrita en primera persona, la historia que se nos presenta es la del salvamento, por parte del narrador, un ex_seminarista adscrito a la C.N.T. en Bilbao en su sede de las Siete Calles, a quien le compromete en ese empeño un compañero suyo de seminario que éste sí logró vestir con propiedad la sotana de sacerdote, de manos de cenetistas de su sede de la calle Larramendi donostiarra, del arzobispo de Valladolid. Ambos, con la ayuda de la amante del primero y en connivencia con gentes del PNV con el diputado Irujo a la cabeza, se esfuerzan en correr una serie de aventuras entre bélicas, trágicas, humorísticas, etc, de todo lo cual lo que más parece resaltarse, me parece, es esa pintura de ese tiempo, el panorama de un San Sebastián (Sebastián solamente, sin el `San' según la censura del cabecilla de esos cenetistas) en guerra, cuya aproximación a la realidad de lo que ocurrió según varias fuentes, se hace muy cercana.

Una novela, en definitiva, de muy acertado sesgo, revestida de pinceladas satíricas repartidas con donaire, publicada originalmente en vascuence y que ha sido traducida por Jorge Giménez Bech.



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