Burt Munro se compró una Indian Scout soñada por un ingeniero magnífico en 1919. La Scout era una moto de 600 cc, tres velocidades, cadena de transmisión, cilindros en V. Burt, leyenda del motociclismo neozelandés, empezó a modificarla en 1926. Construyó sus propios pistones, alteró los platinos, reconstruyó los tubos de escape, endureció el chasis... hasta convertir la Indian Scout con número de bastidor 50R627 en un increíble, velocísimo, sorprendente, prototipo que recuerda a otros creados en Munich por los ingenieros de la BMW. Nacieron todos ellos única y exclusivamente para batir récords. Pero detrás de la Scout, de cualquier Scout, o de la Indian Chief, o de la Indian Spirit, se esconden los orígenes mismos de la motocicleta. Y más aún, de la moto en los Estados Unidos. Hubo un tiempo en que en América del Norte las fábricas de motos se contaban por decenas. El crack de Wall Street de 1929 no hizo prisioneros, mató a 18 d ellas. Sólo dos sobrevivieron, Indian y Harley Davidson. La primera marca había llegado a vender durante la I Guerra Mundial más de 20.000 máquinas. La Harley la envidiaba. Envidiaba a sus ingenieros, deseaba sus triunfos en carreras, triunfos que incluyeron grandes premios en la mítica Isla de Man. Era hermosa la Indian. Libre. Fiable. Rebelde. Pero acosada por la Harley, destrozada por terribles errores de marketing y financiación, perdidos sus mejores mecánicos, el destino de la moto más bella y fiera de América estaba sellado. Harley le ganó la partida como proveedor de motos para las fuerzas armadas durante la II Guerra Mundial. La Indian, desesperada, cometió mil errores. Sus amantes no perdonaron fallos tremendos de producción ni extravagantes decisiones de diseño de motores y cilindros. Las Indian dejaron de fabricarse en 1953. Enterraron sus corazones de hierro y gasolina en Springfield, Massachuttes. Un filme nos trae el aroma de su velocidad, de su fiabilidad, de su capacidad para atravesar los desiertos. Hay Indian hemosísimas en museos, ferias y concentraciones. Ruedan en excursiones de motos clásicas. El cine, que ha amado tanto la Triumph de Brando, la Norton del Che, la Ducati de Carrie-Ann Moss en Matrix Reloaded, nos devuelve la leyenda de una máquina que perdió la batalla pero ganó la guerra de la memoria: «Las Indian están hechas como rocas. Son las Harley las que dan pena». Perdón, Easy Rider, perdón. Pero la guerra fue así.