¿Cuándo se suelen escuchar versiones? Quizás en los bises de un concierto, para remarcar el estilo de la banda. O en la cara B (cuando hay, claro) de los singles radiofónicos, como regalo para los seguidores.
Ahora con versiones conocemos a los cachorros televisivos, ávidos de poner 'uouohs' a los clásicos del pop. O aplaudimos las aventuras revisionistas de artistas consagrados (caso de Bruce Springsteen y su reciente homenaje a Pete Seger).
Como ven, variados usos al tema versioneador. Pero los Auserón, lejos de pasar de refilón por este tema de los homenajes, se han tirado de cabeza.
Porque la nueva embarcada de la SL (Santiago & Luis) Auserón es un doble carpado con tirabuzón. Se llama Las malas lenguas, es un CD repleto de versiones de sus temas favoritos y venían a Donostia, en esta segunda intentona, a presentarlo ante su público.
Y pocas veces lo de 'su' público puede estar mejor definido. Entre los asistentes muchos habían hecho la confirmación religiosa cuando aquello de Naranjito y el Mundial 82.
La empresa 'malas lenguas' es loable, pero muy complicada. Todos estamos de acuerdo en que los logros de los Kinks, Doors, Jimmy Hendrix, Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan y resto de vacas sagradas deben sonar en nuestra sociedad.
Pero cascarse dos horitas 'dale que te pego' con estas canciones puede dejar demasiado hueco al despiste.
Sobre todo en la primera parte del concierto, cuando Auserón y los suyos suenan algo deslabazados reinterpretando a los clásicos de los 50 y los 60 del pasado siglo.
El Auserón cantante se sigue batiendo el cobre como nadie en el escenario. Charla, vacila, conecta con el público, su cuerpo expresivo se contonea como pocos.
Pero cuando uno escucha el Hard to Handle de Otis Redding tras haber visto a los posteriores Black Crowes bordarla, uno duda de la apuesta.
El Sunday Morning de la Velvet Underground tamizada de rock standard o el Roadhouse Blues de los Doors tampoco sirven para soltarse las manos a palmas.
La sensación se repite en la primera parte, para subir muchísimos enteros a continuación.
La banda saca sus galones y comienza a sonar muy conjuntada y precisa. Así se disfruta de la fuerza implícita del Fire de Hendrix, los Troggs y su Wild Thing realmente salvaje o del genial James Brown.
El final, con recuerdo múltiple a su época de Radio Futura, saca chiribitas en los ojos de los asistentes, que se levantan, aplauden y jalean esta nueva aventura de su fibroso preferido.