Viernes, 12 de mayo de 2006
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ANÁLISIS
San Telmo para principiantes
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Los encuentros sobre San Sebastián y sus proyectos culturales que se abrieron ayer en San Telmo y se cierran hoy en el mismo lugar tienen la virtualidad de pasar a limpio la habitual tormenta de estudios sobre contenidos y planes de futuro. Ayer por la mañana tocaba San Telmo. En esto, como en todo, surgen tendencias que se imponen como dogma durante algún tiempo y luego se desvanecen dejando un rastro más o menos grande. Si en el fútbol, por ejemplo, ya nadie juega con extremos, en museística la palabra clave es discurso. La tendencia actual es conseguir que el edificio y las obras que contiene ofrezcan al visitante un discurso coherente y cerrado sobre la materia en cuestión. Esta teoría, tan discutible como cualquier otra, se ejecuta correctamente si el discurso en cuestión se desprende de forma natural del recorrido por la exposición. Es la opción más difícil. En el otro extremo se sitúa la enorme tentación de decidir/consensuar la teoría a defender y a partir de ahí, organizar el museo en función de ella. Esta segunda opción es vecina de piso del adoctrinamiento.

Obviamente, todo esto no es suficiente para garantizarse un número más o menos elevado de visitantes. Es ahí donde entran en juego las nuevas tecnologías. Cuando se habla de San Telmo y nuevas tecnologías, hay que decir que existen precedentes. En 2003, el museo donostiarra acogió Ferrum, una exposición que con el correr del tiempo, ha cogido un intenso aroma a ensayo general. Aquella muestra tenía como eje central una virtual showcase o vitrina virtual, en la que se proyectaban espectros en tres dimensiones de herramientas e instrumentos que, según se dijo, no habían sido instaladas en San Telmo por dificultades de conservación. Para ver el objeto virtual, el visitante tan sólo debía calzarse las gafas de Matrix o similares. Incluso hubo a quien le gustó.

Pero por encima de todo la noticia es que, esta vez sí, San Telmo va para adelante. Existe un proyecto consensuado desde el punto de vista municipal y un presupuesto elevadillo cuyo peso recae mayormente en el Ayuntamiento, ante el relativo entusiasmo de la Diputación y del Gobierno Vasco. No importa. Optimismo. Pongan ustedes el museo que ya habrá quien ponga el público. En última instancia, queda el recurso de llevar colegios en visitas organizadas.



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