Conocedor de San Telmo desde hace años, el director del Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona participó ayer en la mesa redonda sobre el museo, la memoria y el territorio.
- ¿No es una reiteración hablar de museo de la memoria?
- Sí, probablemente, lo que pasa es que cada momento tiene sus términos y la memoria es un concepto muy usado en las últimas décadas. Probablemente, hace referencia a esos museos que no se basan solamente en la exposición de unas obras, más o menos bellas, sino en un discurso que revise cuáles son los términos de formación de los grupos sociales o de las identidades
- ¿Se corre el peligro de establecer una teoría y luego organizar el museo de tal forma que la confirme?
- Pero no es un peligro. Todo museo tiene una teoría detrás y si uno es consciente de ello y la explicita es más honesto que los museos que pretenden no tener ideas detrás, que por cierto, siempre las tienen. No, no creo que sea peligroso hacer un museo de la memoria, siempre que se sea honesto con el público, con los investigadores y con la propia trayectoria. Además, los museos, como todo, están hechos para cambiarlos cuando nos apetezca o pensemos que los paradigmas de los que se partía han variado.
- ¿Resulta difícil consensuar una única memoria, teniendo en cuenta las diferentes ideologías?
- Estamos impregnando la cultura en exceso con el lenguaje de la política. El consenso es necesario para la política, pero para la cultura, a veces la rebaja. La cultura no tiene por qué ser consenso, sino ideas, creatividad, innovación y adelantarse a los acontecimientos. Todo esto no pasa necesariamente por el consenso, sino por el respeto. Hay que tener en cuenta la diversidad, pero la palabra consenso, en cultura, me da cierto miedo cuando significa hegemonía, pérdida de matices, diversidades y sensibilidades.
- ¿Cuál es el secreto para que un museo no se considere amortizado tras una sola visita y sea visitado una y otra vez?
- ¿Secreto? No creo que haya una fórmula matemática. Depende fundamentalmente del equipo y de su capacidad de renovación. El museo no debería apoyarse en exclusiva en su exposición permanente, sino que también debe hacerlo en otro tipo de actividades como exposiciones temporales, performances, debates, conciertos, acciones culturales... El museo debe ser un lugar de encuentro.
- Y en concreto, ¿qué opina de San Telmo?
- Creo que estamos ante una gran oportunidad. Es un museo que no ha tenido buena suerte en los últimos decenios. Necesitaba una renovación, como todos los museos de España, pero no ha terminado de consensuarse políticamente. Ahora está en muy buen camino, el edificio es muy bello y simbólico, las colecciones, sin ser de las primeras del país, son buenas y, sobre todo, el proyecto es muy tentador para el público de Donostia, de Gipuzkoa y de toda Euskal Herria.