IRUN. DV. El TSJPV ha suspendido la norma que impedía la circulación de camiones por las carreteras vascas los fines de semana y los festivos. Que los antecedentes judiciales apuntaban a que esto acabaría ocurriendo no minimiza los problemas que la decisión generará, especialmente para una ciudad como Irun, pegada a Francia, donde los vehículos pesados seguirán sin poder circular sábados, domingos y festivos.
Experiencias anteriores han probado que cuando al otro lado de la muga no pueden circular camiones y en Gipuzkoa sí, éstos van llegando a Biriatu, desde donde empiezan a formarse kilométricas colas que acaban colapsando todos los viales de la comarca. Lo que antes ocurría en situaciones excepcionales (Pentecostés, por ejemplo, es festivo en Francia, pero no aquí), puede convertirse en norma dos veces por semana.
«Se veía venir, y va a provocar problemas importantes en nuestras carreteras» sentenciaba Borja Sémper, que ha asumido funciones de alcalde esta semana por el viaje de José Antonio Santano a la asamblea de municipios y regiones europeas. «La solución es la armonización europea de la legislación de carreteras. Voy a presentar una propuesta no de ley en el Parlamento Vasco para que el Gobierno autonómico se pronuncie a este respecto e inste al Gobierno central a comenzar los contactos con Bruselas para resolver el problema».
Soluciones ya
Sémper comentó además que «la situación se agravará cuando la Diputación comience las obras de conexión de la N-1, la variante de Irun, con la avenida Iparralde», unos trabajos que, se espera, comiencen en los próximos meses y que ya eran temidos, en cuanto a sus afecciones al tráfico se refiere, cuando no se contemplaba el problema que generará la suspensión de la norma que impide el tránsito de camiones en fin de semana. Ante esto, el edil irunés apostaba por «tomar medidas aquí, en Gipuzkoa. Se pueden hacer cosas que minimicen los problemas».
Sémper se atrevió a hacer públicas dos de las ideas que baraja como actuaciones paliativas. «Entiendo que la Diputación debería gestionar la apertura de barreras de la A-8 entre Ventas y Behobia para los ciudadanos de Irun, de manera que éstos pudieran emplear la autopista como variante para circunvalar el centro de la ciudad, como ya hacen, por ejemplo, los donostiarras».
También propuso «una nueva conexión de entrada y salida de la ciudad a la A-8, un nuevo pinchazo que debería existir en la zona de Arbes y que resolvería en buena medida los problemas de colapso en el centro de la ciudad». El propio concejal reconocía que la negativa foral a esta petición municipal es «histórica», pero proponía dejar atrás viejos conflictos para aportar soluciones a las nuevas dificultades. «Esta obra», aseguró, «se puede y se debe hacer. Permitiría entrar a la ciudad sin usar vías que ya están colapsadas y que en el futuro lo estarán cada vez más.