Escribe C. E. sobre la situación de la plaza de Armerías: «Cuando después de muchos años se urbanizó la plaza de Armerías todos los vecinos nos felicitamos por el espacio libre ganado. Ocurre, sin embargo, que cada fin de semana, encontramos la plaza llena de latas, restos de litrona, pipas, bolsas de patatas... restos de encuentros de cuadrillas adolescentes que se hacen dueños de la plaza a determinadas horas. Lo que más me llama la atención es que nadie reprende a estos grupos, y me sorprende, sobre todo, porque más de una vez, determinados vecinos de la plaza han avisado a la Guardia Municipal porque a las 5 de la tarde hay niños de ocho y nueve años jugando al balón. Y deben ser tan peligrosos que, hace unos días, apareció un agente que, por cierto, los dejó aterrorizados. Creímos que esta era una plaza de juego, pero, para algunos, es preferible que sea un foco de desperdicios. O quizá es que, algunas personas prefieren meterse con los niños antes que hacerlo con los adolescentes».