Los vecinos de la calle Azkuene y alrededores tienen que estar alucinados de que, después de tantos años clamando en el desierto por tantas cosas -entre otras, por un servicio público de transporte-, ahora las instituciones se peguen y se pongan zancadillas porque unos se adelantan a otros a ponerles un autobús.
El debate sobre si era necesario que el Ayuntamiento donostiarra pidiera a la Diputación autorización formal para la puesta en marcha de la línea 38 puede tener un recorrido infinito -de qué hablarán nuestros responsables políticos cuando se reúnen-. Pero es como para no creerse la falta de entendimiento institucional en materia de transportes. Menos mal que los dos ayuntamientos concernidos en la polémica son del mismo color político...
Lo que ocurre es que aquí lo que está en cuestión no es el fuero sino el huevo. Y hablando de dineros habrá que preguntarse, por ejemplo, ¿cómo es que una línea de microbuses que va de Trintxerpe hacia Larratxo amenaza la viabilidad económica de la interurbana Pasaia-Donostia?, ¿Tan mal planificada está, con los billetes tan poco subvencionados, como para que el microbús -que exige un transbordo con otras líneas para acercar a los vecinos al centro- amenace su rentabilidad? Urge la creación de la Autoridad del Transporte para planificar y decidir sobre la materia con menos prejuicios territoriales y competenciales. Espero que en ese consorcio no se cuestione que hace falta invertir, y mucho, en transporte público para mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades.