Hay informaciones en la hemeroteca que contienen el aroma de otros tiempos. Por ejemplo, en la edición de DV del 11 de mayo de 1961, justo entre la cartelera de cines con su Clasificación de la Comisión Episcopal de Ortodoxia y Moralidad y el horario de misas, encontramos el titular «Ayer se celebró la Asamblea Provincial para el Congreso de la Familia. Brillantes intervenciones de los señores López Medel y Elorriaga y del Excmo. Sr. gobernador civil».
En 1959 se había celebrado el Primer Congreso de la Familia Española y en julio de 1961 se iba a desarrollar el segundo en Madrid. Previamente, en cada provincia se preparaban ponencias, como las cuatro mociones guipuzcoanas que ahora se presentaban en la sala de actos de la entonces Caja de Ahorros Provincial.
«La reunión -informaba DV- fue presidida por el excelentísimo señor gobernador civil y jefe provincial del Movimiento don Manuel Valentín Remón». Ya no hay cargos como aquel de jefe provincial del Movimiento, ni como el de «secretario general de la Comisión Permanente de los Congresos de Familia», ahí es nada, que entonces ostentaba Gabriel Elorriaga, uno de los intervinientes en el acto.
Este se abrió con unas palabras de José Berruezo, en su calidad de «secretario de la Asamblea y delegado provincial de Asociaciones» (hoy estamos de puestos), quien, «tras glosar la importancia que la familia tiene dentro de la organización del Estado», explicó que durante tres meses casi cincuenta donostiarras habían realizado sus aportaciones para el congreso.
El profesor Jesús López Medel disertó sobre el tema La familia como forma de convivencia y representación política. Y Gabriel Elorriaga, «secretario general de la Comisión Permanente de los Congresos de Familia» y director de la revista Familia Española (además de padre del actual secretario de Comunicación del PP también llamado Gabriel Elorriaga) habló en la sala de la CAP del nuevo papel de la familia. «Ha llegado el momento -dijo- de superar una etapa de protección estatal a la familia para inciar una política de presencia de ella en la vida pública».
Eran los tiempos en que el discurso oficial señalaba a familia, municipio y sindicato (vertical, por supuesto) como «entidades naturales de la vida social».