«El divorcio entre el poder y los ciudadanos franceses se ha consumado definitivamente con la implicación del Ejecutivo galo en el tenebroso caso Clearstream». Esta rotunda constatación es uno los motivos justificantes de la moción de censura que fue presentada ayer en el Parlamento por la oposición socialista contra el Gobierno conservador que guía los destinos del país.
La iniciativa en cuestión, que será debatida el próximo martes por la tarde en la Cámara de los Diputados, no tiene ninguna posibilidad de prosperar puesto que el bloque de centro-derecha dispone de la mayoría absoluta. La moción de censura, que en Francia no requiere presentar ningún programa alternativo, será defendida por François Hollande, el primer secretario del Partido Socialista. «En una democracia digna de ese nombre, todas las consecuencias de una crisis de esta amplitud harían sido extraídas bien por un cambio global del equipo gubernamental, bien por un regreso ante el pueblo francés», exponen los censores de un Gabinete considerado culpable de «una de las crisis políticas más graves» desde la fundación de la Quinta República en 1958.