Tenían todos los sellos menos el de distinción. El registro de las sedes de Fórum Filatélico y Afinsa por una legión de funcionarios a las órdenes del infatigable juez Marlaska ha destapado una gigantesca estafa. Puede compararse sin desdoro con la perpetrada en el Ayuntamiento de Marbella. En España hay más sinvergüenzas que ventanas y que ventanillas donde se agolpa la gente para que la timen.
Nada menos que 350.000 pequeños inversores pueden perder sus ahorros. No están siendo confortados con los auxilios financieros del Gobierno, que elude asumir responsabilidades por su falta de control.
Si el que ideó el tocomocho hubiera registrado su invento sería más rico que Bill Gates, pero ese alarde de ingenio no está al alcance de todos. Sin embargo, ha creado escuela y tiene muchos discípulos aventajados que saben que lo primero que hay que ganar, antes de ganar dinero, es confianza. La oferta de inversión en bienes tangibles, con intereses desde el 6 al 12 por ciento, tiene que parecerles lo más natural a las futuras víctimas. Siempre me acuerdo de lo que dice mi amigo Coll, viudo de Tip: «Daría cualquier cantidad por tener algo más».
Eso de que el dinero crezca solo es un milagro en el que han dejado de creer incluso los Bancos.
El sistema conocido como la pirámide ofrece la enorme ventaja de que los clientes, que siempre tienen razón social, caen en bandadas. Sólo cuando los estafadores tocan fondo se descubre que no existe fondo de garantía alguno.
El catálogo de estafas es muy amplio, pero el caudal de invención es exiguo y siempre son las mismas, con diversos matices.
De todas formas, lo más antiguo es el engaño. Ya se habla de él en el Eclesiastés, que no es lectura para levantarle el ánimo a nadie.