SAN SEBASTIÁN. DV. Oleg Rodinov, el primer ruso que ganó la Vuelta al Bidasoa, en 2002, puede tener sucesor en el palmarés de la carrera con su compatriota Eugeny Sokolov, ganador de la primera etapa de la presente edición. Logró 23 segundos preciosos de ventaja en la meta de Hendaya.
Con ser importante su triunfo, resulta todavía más llamativo la forma en que lo hizo. Atacó a 26 kilómetros de la meta y realizó una exhibición de rodar en solitario. A los 22 años de edad, Sokolov es un ciclista curtido, con un año de profesionalismo, en un equipo Continental, el Omnibike, algo que se le nota en su estructura física, muy fuerte. Sus piernas ofrecen todo el aspecto de llevar muchos kilómetros encima.
Desde que atacó, en el kilómetro 99, hasta la meta, sólo al principio de su fuga hubo algún instante de duda, cuando las diferencias sobre el pelotón rondaban el medio minuto.
Llegó a tener hasta 43 segundos de ventaja. Ni siquiera cuando Saunier Duval asumió responsabilidades para Enrique Mata se produjo algún tipo de efecto positivo. Las ventajas aumentaban. Y encima ha ganado la montaña en el Circuito de Saône y Loire. Mal inquilino ha cogido la carrera para desbancarle del lugar que ocupa.
Su ídolo como corredor es Miguel Indurain. Cuando un ciclista ruso busca equipo en Europa y llama a los responsables de la formación marsellesa de La Pomme, es que quiere ser corredor y va a luchar por ello hasta la extenuación.
La ventaja de tener toda la carrera por delante es que vamos a poder ver sus evoluciones, y la del resto de participantes, en terrenos más complejos, en la montaña.
De esta primera etapa de la Vuelta al Bidasoa podríamos decir lo mismo que hace un año, o dos, o casi siempre. Se rodó muy rápido, a 42,273 kilómetros por hora, hubo numerosos intentos de escapadas y ninguno de ellos llegó a contar con más de medio minuto de ventaja sobre el pelotón, aunque en algunas ocasiones el grupo principal parecía el que iba delante por la cantidad de corredores que marchaban en él.
La mayoría de equipos participantes en la carrera tuvo representantes en los cortes, con nombres que contaban y cuentan para la general de la carrera. Con su presencia anulaban la progresión de las escapadas. Citar a todos los corredores que se metieron en las fugas sería nombrar a medio pelotón.
Se puede decir, como detalle, que el sprint del grupo principal lo ganó el italiano Marco Frapporti y que entre los diez primeros se colocaron Javier Aramendia y Unai Aranzabal.
Juan Carlos Martín, seleccionador nacional de aficionados, que siguió la carrera, era también de esa misma opinión: «Va a ser un corredor difícil de desplazar. La forma en la que ha rodado delata su fortaleza». Y es que había que verle atajar por las rotondas de frente. Ni seguir las motos, ni nada.
Quienes no se dejaron ver mucho fueron los hombres de Liberty-Würth. La carrera presenta muchas incógnitas por desvelar, pero una certeza: el líder no parece que es algo transitorio. Su equipo, La Pomme, tiene 450 corredores en todas las categorías, siete vehículos, nueve directores, cuatro de ellos con título nacional, y una estructura que da toda la impresión de que no ha venido a pasar el rato y ver la belleza de Euskadi.