Jueves, 11 de mayo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
TOROS FERIA DE SAN ISIDRO
Confirma torres jerez
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Las ventas: Seis toros de Antonio San Román. Corrida de desiguales hechuras. De hermoso remate el sexto, Muy basto un gigantesco quinto de manso son. Los tres primeros se movieron a su aire y se dejaron.

Juan Diego, ovación y silencio. Fernández Pineda, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Torres Jerez, que confirmaba la alternativa, saludos y silencio tras un aviso. Un cuarto de entrada. Algo de viento, primaveral.

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Al toro con el que confirmó la alternativa el almeriense Torres Jerez le faltó un poco de todo: casta, voluntad, fuerza. Fue toro voluminoso, de más carnes que trapío. Tenía la edad recién tomada y hubo quien lo protestó por eso. Las manos por delante de salida, aire mansito pero noble. Cuando concluyó la ceremonia de la confirmación, el toro estaba en tablas y en ellas se pegó a la muleta de Torres Jerez dos galopes, que fueron ya los últimos. Cierto el son por la mano izquierda; menos de fiar por la derecha. Buena y rápida la idea de Torres: abrirse de rayas afuera y ponerse por la izquierda. Después de dos viajes, escarbó el toro y amagó con rajarse. Antes de rematar faena, hubo un intento por la mano derecha. Se quedó el toro a mitad de viaje, según se presumía. Como fue faena armónica y compuesta, se tuvo en cuenta. No es normal ver ponerse, prodigarse y soltarse tanto con la zurda y casi sólo con la zurda a un torero nuevo. No joven, pero poco toreado. Pareció, con todo, la edad justa. A la faena sí le faltó una gota de astucia.

El sexto, de hermosas hechuras y buen trapío, serio por delante, bajo de agujas, largo, salió con muchos pies pero sin llegar a fijarse, se picó al relance, se quejó en dos varas y se paró en la muleta antes de emplearse en serio ni cuatro viajes. Antes de venirse del todo abajo el toro, le anduvo con firmeza Torres Jerez, que le aguantó un parón a mitad de un pase de pecho y se volvió a encajar como en el primer turno. Y hasta más y mejor. Interesante el trabajo. Pero a toro apagado, con la pólvora mojada.

El toro más vivo de la corrida de San Román fue el tercero. El de más pies y más entrega. Un toro zancudito, corto de cuello, con dos pinzas afiladitas. Se vino abajo como cualquiera de los otros, pero tardó mucho más en hacerlo y tuvo, además, veinte viajes más que potables. Lo toreó un poco a golpes el sevillano Fernández Pineda. Faena sembrada de curvas. Una apuesta inicial muy aparatosa, con el cambiado por la espalda en los medios y el toro a galope desde tablas para abrir.

Pero, luego, un ritmo roto y no por el toro. Un desarme, tensión y algún tirón de más cuando se ventilaba la cosa en serio. A toro calmado, una contradicción: cuando Pineda tocaba al toro, no se cruzaba, y cuando se cruzaba, no lo tocaba. Digno el papel, con todo. Buenos apuntes con el capote en lances de manos altas y soberbia una estocada por el hoyo de las agujas. El manso quinto, de hercúleas hechuras para concurso de toros al peso, mugió mucho, reculó, se paró. Fue, con todo, toro manejable. Sin la menor emoción. De nuevo Pineda lo mató por arriba de excelente estocada.

Juan Diego, que es torero con clientes y crédito en las Ventas, hizo muy poquitas cosas. Y esas pocas, muy deprisa. Un asomo de sus notables condiciones de capotero, pero sólo un asomo y medio. Por precipitarse no le dejó ni respirar al segundo de corrida, que escarbó y bramó, pero al menos venía por la mano derecha. Reponía por la otra. No se tomó apenas confianzas un desganado Juan Diego. El cuarto salió manso, se rajó al final. Ningún impulso. Juan Diego, de puntillas. No le provocó el negocio.

LA CORRIDA DE HOY I Seis toros de Victoriano del Río para Luis M. Encabo, César Jiménez y Eduardo Gallo



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