Jueves, 11 de mayo de 2006
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Cultura
Volutas de humo reggae
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Los extremos se tocan, reza el dicho popular, y algo así pensará más de uno al contemplar a la cantante dublinesa Sinéad O'Connor decorar su reciente disco con una foto de su muy católica primera comunión. Un disco en el que la polémica cantante rapada se entrega entusiasta a la lógica reggae más pura, un estilo musical y vital que tiene sus fundamentos en ciertos radicalismos sionistas...

Unos meses después de la visita de trabajo de Sinéad a los estudios Tuff Gong le sucedió en el mismo lugar y labor nuestro vecino Fermin Muguruza, a quien se supone bastante lejos de fundamentalismos religiosos. ¿Y qué decir del ultralibertino monsieur Serge Gainsbourg, uno de los primeros músicos europeos que viajó en su día a Jamaica a abrazar las cadencias reggae?

Así que el enganchón reggae y estilos hermanos sobrepasan las muchas contradicciones en las que viven sus más genuinos practicantes y se cuelan hasta en el más remoto rincón creativo del orbe. Porque los más consecuentes rastafaris siguen implorando la venida celestial de un ser tan poco divino como el emperador etíope Haile Selassie para que les redima de los infiernos terrenales. Así que, pelillos a la mar: muchos occidentales, ávidos de sensaciones más nuevas y «auténticas» que sus grises existencias abrazan lo formal (los dreadlocks capilares, los colores precisamente abisinios, la olorosa marihuana y la parafernalia formal del rastafarismo), pero pasando de puntillas sobre sus fundamentos religioso-éticos, campo siempre polémico en cualquier tipo de religión consecuente.

La culpa mayor -bendita culpa- de que las hipnóticas volutas de los ritmos reggae se propagaran urbi et orbi por el globo terráqueo hay que atribuirsela a ese Bob Marley, del que ahora se celebra hasta cuando estornudó por primera vez. Ha habido, lógicamente, muchos colegas de Marley que han enriquecido activamente el legado del reggae, del ska, del dub, del raggamuffin, del dancehall y de otras variantes salidas de la madre Jamaica, pero él tuvo seguramente mejores canciones, más carisma y además murió en una edad aun prematura y apropiada para que surgiera imparable el mito popular.

Bob Marley fue un compositor-intérprete embriagador, supo reflejar las inquietudes y rebeldías «tercermundistas» y alegrar y animar festivamente la existencia a muchos de sus semejantes. El ampliamente rico mundo del reggae y su propia descendencia biológica (Ziggy, Damien...) tienen una deuda de influencia y enseñanzas con el creador de Redemption Song.



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