o veíamos hace poco en un anuncio de Telecinco: programa especial sobre la querella entre Carmen Martínez-Bordiú y su suegra. En realidad, el programa no era exactamente especial, pero se trataba de vender el producto. También hemos visto en estos últimos días anuncios sobre 'trascendentales' programas de investigación; su tema, lo de Marbella. Ni siquiera TVE se libra de este banal mercadeo. No son trabajos mal hechos: suelen incorporar imágenes sugestivas y guiones muy efectistas; ese tipo de relato que llama la atención del 'zapeador'.
El problema surge cuando terminan, porque el espectador siempre se levanta con una incómoda pregunta en la cabeza: en realidad, ¿qué importancia tiene lo que nos han contado? Tras estas 'investigaciones', uno se queda con una impresión extraña, como de gran timo. Porque todas estas cosas que los canales nos venden como 'investigación' son perfectamente irrelevantes. Las broncas entre Carmen Martínez-Bordiú y su suegra no pasan de ser una riña de vecindad, y los tejemanejes de los famosos marbellíes, una vez que el asunto ya está en sede judicial -y penitenciaria-, tampoco son para tirar cohetes.
Y sí, claro, de todo tiene que haber en la viña informativa y no hay argumento inane si la historia está bien contada, pero el problema es que los reportajes de investigación sobre materias realmente importantes pueden contarse con los dedos de la célebre mano de los chicos de la serrería. Nada de lo que hemos vivido en los últimos dos años -el 11-M, la tregua de ETA, el 3% catalán, el incendio de Guadalajara, qué sé yo- ha tenido el menor efecto en los esfuerzos investigadores de nuestra pantalla. Exceptuemos algunos reportajes de Mercedes Milá en 'Diario de ', como aquella incursión en Azkoitia. El tono general de la 'investigación televisiva' transita más bien por temáticas como la prostitución de lujo, los cambios de sexo, los exorcismos y, en fin, esas cosas que a todos nos conmueven, pero cuyo peso real en la vida pública es nulo. El género sobrevive, pero en temáticas inocuas, de esas que no te van a acarrear líos con el poder. El periodismo retrocede.