La rotonda de EL DIARIO VASCO, con su ya frondosa vegetación, tiene un habitante. O lo tuvo durante buena parte de la noche del lunes, para asombro de cuantos, a pie o en vehículo, pasaban por allí. Un grueso gato, de pelo marrón y blanco, se hizo el rey de la rotonda.
Nuestro lindo gatito, nuestro descarado felino, se asomaba entre la vegetación de esta isla urbana y miraba con displicencia a los humanos mortales y sus locas máquinas. Más que un okupa, su manera de vigilar el movimiento ajeno parecía convertirle en un becario del servicio de seguridad del periódico. Seguro que ningún ratón pasó ante la rotonda sin su DNI.