Miércoles, 10 de mayo de 2006
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Sotanas de oro
Veintidós curas y religiosos guipuzcoanos celebraron sus 50 años como sacerdotes
Sotanas  de oro
Los veintidós sacerdotes que celebran sus bodas de oro con el obispo Uriarte y el emérito Setién. [MICHELENA]
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SAN SEBASTIÁN. DV. El párroco del Seminario José Luis Gorostidi colocaba todo en su sitio en la sacristía tres cuartos de hora antes de que a las 12 del mediodía comenzara la Eucaristía de celebración de las Bodas de Oro sacerdotales de 11 presbíteros diocesanos y otros tantos religiosos. Poco a poco iban llegando los protagonistas, acompañados de sus familiares, que terminaron abarrotando la capilla mayor del edificio donostiarra. Se trataba de los diocesanos Jesús Areso, José María Eguren Iñarra, José María Eguren Oregi, Antonio Elkoro, Félix Galdona, Andrés Garmendia Aldabalde, Joan José Garmendia Zunzunegi, Eusebio Goenaga, Manuel Olasagasti, Javier Ormazabal y Pío Prieto, más los religiosos Antonio Balenciaga, Ildefontso Alustiza, Joseba Etxeberria, Iñaki Gereta, Karlos Urbieta, Antonio Beristain, Francisco Javier Urrutia, Benito Ijurra, Felipe Araña, Xabier Irastorza y Karlos Arrizabalaga.

Los curas y religiosos se saludaban con efusividad en el atrio interior que da a la capilla. El franciscano azpeitiarra Gereta resumía sus 50 años señalando que «ha habido de todo. Bastante trabajo, aunque no agotador». Un cura se jubila, pero «siempre somos sacerdotes. Si se tiene buena salud se sigue ayudando a los demás». Es decir, queda obsoleto eso de vivir mejor que los curas. «Ja, ja. Dicen, pero si fuera cierto los seminarios no estarían va-cíos». Está feliz «porque hoy es un día de fiesta que nos ofrece la Diócesis y estamos muy agradecidos».

El futuro del sacerdocio lo ve Gereta «el inmediato, mal, porque las vocaciones van a menos». Se habla de que la posible solución sea permitir el matrimonio a los sacerdotes. «Habrá que buscar soluciones y abrir las puertas a opciones sacerdotales. Un sacerdote casado está por verse si es una solución, pero no sería la única. Es una de las puertas. No olvidemos que en la historia del sacerdocio al principio estaban casados». A los curas les atraen las mujeres. «Claro, si dijese lo contrario mentiría. Otra cosa es que al ser sacerdote vayas por caminos no permitidos».

El padre benedictino Irastorza, de 72 años, cartera en mano, resumía su cincuentenario como «un trabajo realizado en un monasterio de Lazkao, no he tenido trato directo con las parroquias». Explica que su labor «es musical y litúrgica, porque me gustaba». Dirige dos coros, uno de gregoriano y otro parroquial, más la comunidad de benedictinos. No se va a jubilar «porque mi familia y mi dedicación es el monasterio».

Benito Ijurra Larraza, de Canónigos Regulares de Letrán, dice que «es un día especial en el que piensas en tu vida sacerdotal». Su resumen es «bueno». Está en la parroquia de Pontika, en Errenteria, tras 20 años en Beraun. Sobre el futuro del sacerdocio y la posibilidad de contraer matrimonio señala que «eso va a llegar antes de lo que pensamos. Yo lo veo normal. Una vez que se consagre, dejará de ser laico, aunque esté casado. Y esas distinciones también van a desaparecer».

Queda un cuarto de hora. Los celebrantes se visten en la sacristía. Llega el obispo emérito José María Setién. Minutos antes del mediodía lo hace el obispo Juan María Uriarte, que es saludado con respeto y cariño. Charlan, el párroco le ayuda a vestirse y, tras las fotos de recuerdo, el rector del Seminario José María Arrieta coordina su salida hacia el altar mientras el párroco de San Vicente, Félix Garitano, dirige las canciones. Una comida pondrá fin al bonito cumpleaños. Zorionak.



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