Según la sentencia, los hechos ocurrieron a mediados de noviembre de 2003, cuando el acusado, que regentaba el establecimiento como arrendatario, forzó las cerraduras de una tragaperras y de una máquina expendedora de tabaco que había instaladas en el local y se apropió de 3.590 euros que había en una de ellas.
Posteriormente, el procesado acudió a la comisaría de la Ertzaintza y denunció la sustracción de la recaudación de la máquina, así como de diverso material de música.
Parte de robo
A continuación, acudió a las oficinas de su aseguradora y rellenó un parte de robo, aunque la compañía le denegó la cobertura después de que un perito estimara que el robo no había tenido lugar.
El tribunal considera en su sentencia que estos hechos son constitutivos de un delito de robo con fuerza y de otro de simulación en concurso con un tercero de estafa, por los que impone al procesado un año y siete meses de cárcel, y le condena al pago de multas e indemnizaciones por un total de 4.857 euros.