Gonzalo Aizpiri inauguró en San Sebastián las jornadas "El cambio climático en las ciudades costeras" en las que participó el alcalde de la capital guipuzcoana, Odón Elorza, y Teresa Ribero, directora de la Oficina Española de Cambio Climático, entre otros.
El representante del Ministerio de Medio Ambiente señaló que el litoral se verá afectado por la subida de la cota del mar, la modificación del régimen de vientos, el aumento del oleaje o la modificación del flujo de energía entre el mar y la costa.
Playas en peligro
"Podemos esperar que un buen número de playas desaparezcan, que se tengan que intensificar las labores de protección de éstas contra el oleaje" y aportar arena, además de reforzar las "infraestructuras de las obras marítimas", precisó Gonzalo Aizpiri.
Agregó que se calcula que "la altura de las olas significantes" ascienda entre 20 y 35 centímetros para mediados de siglo, por lo que en el Cantábrico será necesario "incrementar la altura de las infraestructuras marítimas entre un 20 y un 50%".
Indicó que para finales del siglo XXI el nivel del mar se elevará 50 centímetros, lo que supondrá la "inundación total o parcial de zonas costeras bajas" como el delta del Ebro y del Llobregat, La Manga del Mar Menor o la costa de Doñana.
"Ya ha comenzado"
"El panorama puede ser dramático si nos pilla inadvertidos o puede ser algo gestionable si nos ponemos manos a la obra con suficiente antelación" para ver cómo actuar ante los efectos de un cambio climático que, según dijo, ya ha comenzado.
Gonzalo Aizpiri destacó la necesidad de buscar energías sostenibles alternativas al petróleo y de implicar a las ciudades en la adopción de medidas que reduzcan la contaminación del transporte urbano y metropolitano, que en pocos años producirá la tercera parte del total de gases de efecto invernadero.
Advirtió de que como no se puede detener el cambio climático, hay que impulsar iniciativas para retrasarlo y prevenir sus efectos, ya que no sólo afecta al calor, sino también a las precipitaciones, los vientos, las corrientes marinas, los ecosistemas, los cultivos o a actividades económicas como el turismo.
Prevención
El profesor de la Universidad de Cantabria, Raúl Medina, reclamó a los ayuntamientos que hagan constar en sus planes generales urbanos "qué zonas tienen riesgo de inundación" e impidan "ciertos usos" en esas áreas que dentro de 20 ó 50 años van a estar afectadas por el agua.
Consideró "muy importante" habilitar "ventajas fiscales para la compra de terrenos" amenazados de inundación de forma que puedan ser cubiertos por el mar, ya que si se consolida la actual costa con diques y escolleras sólo se conseguirá convertir en bahías lo que hoy son playas o estuarios, que en el caso del Cantábrico son las zonas que más peligran.