SAN SEBASTIÁN. DV. Desde el pasado 28 de abril, dos nuevos vigías electrónicos se ciernen sobre nuestras cabezas para desentrañar los misterios del clima de la Tierra. Son el CloudSat y el Calipso, dos satélites meteorológicos que contribuirán al mejor conocimiento de la atmósfera y los efectos del cambio climático mediante el estudio de las nubes. La NASA los ha puesto en órbita para que integren el A-Train, un grupo de cinco satélites que permitirá un análisis exhaustivo de las nubes, esas grandes desconocidas para la ciencia.
El CloudSat y el Calipso marcan un hito en la historia del estudio atmosférico, ya que van equipados con el primer radar de nubes, que permite obtener una perspectiva tridimensional de los cúmulos y determinar su dinámica de formación y evolución. La precisión que pueden alcanzar estos instrumentos llega a ser mil veces mayor que la de los satélites anteriores.
El CloudSat, el más grande de ambos, lleva integrado un radar que emitirá impulsos microondas a la Tierra, que penetrarán en las nubes y permitirán deducir su perfil. El láser Lidar del Calipso, por su parte, será capaz de distinguir las partículas de los aerosoles -finas partículas suspendidas en la atmósfera- y las de las nubes, proporcionando un mejor conocimiento de nuestro sistema climático.
Los descubrimientos de estos dos satélites permitirán encontrar una explicación a cómo se forman la lluvia y la nieve en las nubes, cómo se distribuyen las precipitaciones por el mundo o cómo afectan las nubes al clima de la Tierra. Además, pueden contribuir a revelar misterios como los frentes fríos y las olas de calor, así como a evaluar los efectos de la contaminación.
Calipso y CloudSat se colocarán en la órbita del A-Train, un tren de cinco satélites compuesto también por el Agua y el Aura de la NASA y el Parasol del CNES. Para 2008 se espera el enganche de un sexto vagón, el satélite Oco de la NASA, que medirá la proporción de dióxido de carbono de la atmósfera. El proyecto está liderado por científicos de Estados Unidos, Francia y Canadá.
Margarita Martín, directora del Instituto Nacional de Meteorología (INM) del País Vasco, señala que la principal novedad de estos instrumentos radica en que «hasta ahora los satélites existentes se limitaban a detectar las reflectividades de la luz solar sobre los topes nubosos, mientras que el Calipso y CloudSat emitirán unos ecos que penetrarán en la nube y medirán su intensidad. Los que había hasta ahora no emitían nada, sólo eran receptores de información a partir de la cual los meteorólogos debían deducir cuándo y cómo iba a llover».
Los dos nuevos vigías de las nubes ya están recabando información a 750 kilómetros de nuestras cabezas.