SAN SEBASTIÁN. DV. Una veintena de jóvenes voluntarios de la Cruz Roja compone la parte humana de la Unidad de Rescate Acuático (URA) de San Sebastián. Son voluntarios, pero al mismo tiempo son experimentados socorristas que se han formado con las últimas técnicas y lo que es mejor, les apasiona la pertenencia a este grupo por el que no perciben ningún dinero. Es más, para acudir a muchas de las misiones de rescate, que no tienen horario, tienen que abandonar su puesto de trabajo, salir pitando del cine o dejar plantada a la novia.
La base de salvamento marítimo instalada en el muelle tiene como misión fundamental, a través del equipo de voluntarios, la de trabajar todo lo que es salvamento en el mar en la zona costera cercana a San San Sebastián.
El rescate de embarcaciones, el salvamento de personas que han caído al mar o que han caído en las rocas, están entre sus misiones más habituales, pero en su labor de prevención salen a mar abierto cuando las condiciones del tiempo son más adversas y se anuncian con antelación por los servicios de meteorología, como puede ser una galerna o el cambio repentino de las condiciones del mar, momentos en los que suele haber embarcaciones recreativas o de pesca artesanal a pocas millas de la costa.
La base de salvamento dispone en el muelle de dos cuatro embarcaciones -entre ellas la Guadalupeko Ama, que se puede adentrar mar adentro y sobrepasar las doce millas- y una moto de agua.
Los veinte voluntarios de la Unidad de Rescate están de servicio las 24 horas del día. En este equipo hay un responsable, Ekain, que está conectado permanentemente con SOS-Deiak. Ante cualquier emergencia en el mar SOS Deiak se la notifica a Ekain quien seguidamente pone en marcha el operativo. Los veinte voluntarios reciben en su busca una señal y al momento contestan si pueden acudir a la llamada de emergencia. El jefe sabe con cuánta gente cuenta y todos tienen como ruta el muelle, ya estén en Astigarraga, en Altza o en Igeldo.
El primero que llegue a la base ya sabe lo que tiene que hacer porque está todo programado y organizado. Puede ser cualquiera de los veinte, en función de dónde se encuentre en ese momento. Llega, se cambia, pone en marcha las embarcaciones y prepara los equipos. Cuando se junta la gente suficiente para organizar una embarcación salen pitando al rescate. Y según van llegando otros voluntarios salen en otras embarcaciones, siempre en función del grado de emergencia. Aunque parezca imposible, en diez minutos puede salir una embarcación.
En la base de salvamento se dispone de equipos de última generación y las embarcaciones tienen un nivel óptimo. El centro cuenta con un aula de formación para dar cursos, una sala de comunicaciones para estar en contacto permanente con salvamento marítimo. En la base, además de los miembros de la URA, acuden otros voluntarios de Cruz Roja a echar una mano... que siempre hace falta.