Jueves, 4 de mayo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
LA CRÍTICA | 'EL TRIUNFO'
La rumba de Hamlet
La rumba de Hamlet
Molina y Diego, en el rodaje. [EFE]
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Título: El triunfo ( 16 España, 2005). Direción y guión: Mireia Ros. Fotografía: S. Gallardo. Música: Johnny Tarradellas. .Intérpretes: Juan Diego,Ángela Molina, Antonio Fernández Farruco, Pep Cruz. Cine de estreno: Oscar, Txingudi. Duración: 122'.

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Otra vez sola en una sala de cine donde seproyecta una película bien poderosa aunque ribeteada en fallos que podrán tener enmienda en posteriores afanes cinematográficos de su dama directora y guionista, Mireia Ros. Otra vez un único espectador una noche en que cualquiera hubiese firmado (debería haber firmado, al menos) por ver una obra de tal tremendo ímpetu, con personajes tallados a fuego y actorazos apasionantes. Y por si eso no fuera bastante, el paisaje. Y por si no tuviéramos suficiente, la época. Estamos en El Raval barcelonés, lo que siempre ha sido el Barrio Chino. Estamos en un tiempo indefinible pero muy marcado: debe ser por los 60, 70. Hay rumberos gitanos, magebríes que quieren hacerse con el poder del barrio, legionarios viejos que aún son, y de qué manera, novios de la muerte.

Y por si no bastase con todo eso, detrás de esta película, que estuvo en la Berlinale y en el festival de Málaga, hay una novela de Francisco Casavella que se vislumbra soberbia para quienes no la conocemos (todavía). Y si todo lo citado no sirviera para quienes no estaban en la sala aquella noche solitaria, el fantasma de Hamlet paseándose por el libreto. Porque hamletiana es la historia del gitano sin padre cuya madre fue amante de quien aún domina el barrio. El triunfo falla en muchos momentos. A veces le falta rabia, le falta coraje. Le falta, seguro, experiencia y escarmiento a la directora a la cual se le escabullen por las esquinas de la cámara y el guión momentos en los que debió haber entregado sus entrañas todas. Le falla la escena de la boda que exigía una furia atroz. Y le falla el final. Pero ay qué bien se maneja cuando nos muestra a los muchachos viendo una peliculilla de los 60, qué bien suenan las voces de los mafiosos legionarios, susurros de muerte y lealtad. Qué bien musicada está El triunfo y cómo nos gusta que por algunos segundos nos recuerde al mismísimo El funeral de Ferrara.

Con sus fallas de jondura y rauxa, es ésta propuesta potente, sorprendente descenso a los infiernos para degustar en compañía de cientos.



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