Lunes, 1 de mayo de 2006
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CRÍTICA DE TV
Laberintos
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Hay programas que ve muy poca gente y que, sin embargo, se comentan mucho. Eso ocurre con 'El laberinto español', el programa que La 2 ha dado a Jorge Martínez Reverte para reivindicar la memoria de la II República, y que es el complemento televisivo de la acción gubernamental en materia de 'memoria histórica'. Lo ven muy pocos espectadores: en torno a medio millón, si damos por válidas las extrapolaciones del 5% de 'share'. Pero se habla mucho de él, incluso quien no lo ve. Y se habla mucho de él porque 'El laberinto español' se ha ganado rápidamente fama de sectario, parcial, en un asunto que sigue levantando polémicas y pasiones.

En el programa podrán decir que esas críticas vienen de gente que no lo ve. Puede ser. Pero también podría decirse que esa gente no ve el programa, precisamente, porque es sectario. Y no se puede calificar de otro modo cuando, desde el mismo día de su estreno, el propio Martínez Reverte proclamó que 'El laberinto' no iba a reflejar pluralismo alguno de opiniones, sino sólo las que a Martínez Reverte le parecieran bien. Con dos cojones, que diría otro Reverte más leído, don Arturo Pérez.

Es un planteamiento aberrante: lo que debería preocuparnos no es que haya distintas versiones sobre la Guerra Civil, sino que la violencia y el odio de la guerra sigan siendo virtualmente posibles. Si hay distintas versiones es porque hay distintas 'memorias'. Y si hay distintas 'memorias' es porque el conflicto sigue latente. A un gran historiador, Koselleck, recientemente fallecido, le preguntaron cómo superar los conflictos derivados de la diferente interpretación de la memoria. Koselleck contestó que, precisamente, manteniendo la diferencia: mientras sea posible poner en escena la diferencia, confrontar las distintas posiciones, el conflicto puede neutralizarse, es decir, no se traduce en resurrección de la guerra.

Por el contrario, anular la diferencia, tapar una de las voces en provecho de una 'verdad oficial', equivale a enconar el conflicto y perpetuar su virulencia. Aquí deberíamos saberlo: treinta y cinco años de historiografía oficial franquista no mermaron la memoria republicana, que se mitificó. Del mismo modo, la nueva verdad oficial de vindicación de la II República, cuyo portavoz televisivo es el 'Laberinto' de Martínez Reverte, no mermará la memoria franquista, sino que la mitificará a su vez. Y una reflexión más de tejas abajo: un canal público, pagado por todos los ciudadanos, no puede permitirse el lujo de la parcialidad y menos aún del sectarismo, aunque sea un 'sectarismo tranquilo'. Lo que justifica su existencia es su capacidad para dar eco a la diversidad social, no su obediencia a las políticas gubernamentales. Es tan elemental..



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