Fue la gran final de Sergei Belov. En 1971 el CSKA de Moscú logró su cuarto título europeo. Tenían un equipo extraordinario, dirigido por Alexander Gomelski, una especie de profesor de ciencias naturales que parecía por encima de las tensiones de la alta competición. Su equipo jugaba un baloncesto científico, elegante, a ratos alegre, a ratos demoledor. Tuvieron ocasión de ganar un título más, pero lo perdieron. Entonces no sabían lo que les iba a costar volver a ganar, lo que les iba a costar volver a jugar una final. Hasta el día de ayer.