Desde el puente de la Estación, una cabeza alada de piedra contempla la estela que se aproxima desde lo lejos por el río Urumea. Pronto se advierte que quien remueve la superficie del agua es un pequeño y solitario pato, de los de cuello verde oscuro. No se sabe muy bien cómo, apareció en el cauce bajo de nuestro río, donde vive desde hace semanas.
Primero se le vio con otros dos ejemplares de su especie, pero ahora siempre nada solo. Sin embargo, no parece triste nuestro patito. Como si fuera un turista activo y feliz, el pato pasea su soledad con cierta insolencia por las aguas del Urumea.