 Antonio Banderas en Déjate llevar. |
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| Título: Déjate llevar (Take the Lead). EE UU, 2005. Dirección: Liz Friedlander. Guión: Dianne Huston. Fotografía: Alex Nepomniaschy. Música: Swizz Beats, Aaron Zigman. Intérpretes: Antonio Banderas, Alfre Woodard, Rob Brown, YaYa DaCosta. Cine: Antiguo Berri, Oscar, Warner, Cinebox Urbil, Niessen, Cinebox Mendibil, Txingudi. Duración: 108'. |
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No se quita el traje ni se arruga porque los chavales se rían de él. Con tranquilidad y paciencia de galán convencido abre la puerta a las mujeres, responde con suave ironía a las provocaciones, y contrarresta el imperio del rap con eternas canciones de romanticismo y swing. El buen profesor que se empeña en hacer bailar en pareja y en salón a los chicos y chicas negros abocados a un mundo de violencia, tiene solución para todo, y nunca se echa atrás.
Así se defiende Antonio Banderas en su nueva película, en la que en realidad no ejerce de bailarín (apenas un número de tango que resuelve como puede y unos cuantos amagos). En cambio, actor y personaje, tienen poderes para erigirse en líder de minorías capaces de exigir respeto y atención en la América de las mil oportunidades.
Al comienzo, un cartel recuerda que vamos a asistir a una historia basada en hechos reales, y al final figuran las correspondientes frases que certifican cómo ha acabado la cosa en la realidad. Una insistencia quizás necesaria, porque desde un punto de vista dramático poco se sostienen las evoluciones de ese grupo de desheredados malencarados que con la paciencia del galán cambiarán de convicciones, todos a una. Lo dice el título español, Déjate llevar: no hay nada que exigirle a una película con perfil de telefilme bienintencionado, en el que todo el mundo tiene su oportunidad, los gordos pueden bailar, los violentos pueden regenerarse y las directoras de instituto implacables enseñan su corazoncito y su sonrisa. Con ecos argumentales de West Side Story o Fama, pero sin valores para marcar época alguna, Déjate llevar está hecha de contrastes totales: todos ven horribles las canciones de Gershwin, pero al cabo de un momento todos también han cambiado de opinión gracias a un truquito de Banderas, quien tiene una buena batería de recursos para resultar simpático. El baile es una excusa resuelta con mucho plano entrecortado, para no tener que trabajar las coreografías. O sea, una del montón.