Con el título de Cellofan: de Mozart a los Beatles, ocho violoncellistas, la mayoría de la Orquesta de Euskadi o colaboradores en ella, regalaron ayer en Miramón un viaje musical didáctico, ameno y completo a un auditorio que estuvo más lleno que en otras ocasiones, muestra de que las matinées cuentan cada vez con más adeptos.
Uno de los grandes aciertos del concierto fue suprimir el programa de mano y contar con uno de los miembros del conjunto, Ian Swedlund, para explicar las piezas. Aunque hubo algunos problemas técnicos que impidieron escucharle con claridad en la primera parte, su forma de enfocar el recital ayudó a que el público se interesara más por lo que estaba escuchando, sintiéndose más cercano a lo que sucedía en el escenario. Swedlund se ganó al público con su simpatía, pero también con un discurso bien diseñado en el que no sólo aportó datos históricos de las obras o de los diferentes estilos, sino también de algunos recursos que se utilizan al tocar el instrumento, con ejemplos del vibrato o el glissando, haciendo adivinanzas musicales para explicar el uso del violoncello en el Clasicismo y buscando la complicidad de los oyentes.
Por todo ello, el concierto, «un viaje interior por el mundo de las emociones», en palabras de Swedlund, fue extraordinario en todos los aspectos. Tras una introducción lírica y emotiva con una pieza de Goltermann, el octeto abordó un madrigal del renacentista Dowland en un estilo muy distinto y saltó al barroco para ofrecer una obra de Corrette originalmente escrita para violas de gamba. Un juego mozartiano con fragmentos de su Sinfonía 40 y de la Obertura de La Flauta Mágica, y la música romántica de autores como Tchaikovsky completaron una primera parte muy atractiva.
La versatilidad del instrumento y las posibilidades tímbricas y expresivas de un octeto de violoncellos fueron aún más evidentes en la segunda mitad, que incluía obras tradicionales vascas, rusas, irlandesas, jazz, el Yesterday de los Beatles con violoncello eléctrico solista o una divertida mezcla de valses muy conocidos. El conjunto de intérpretes, compacto, bien ensamblado y sumamente expresivo, contribuyó a hacer del concierto un viaje muy completo.